TRABAJA COMO TRABAJAN LOS AMBICIOSOS

Trabaja como trabajan los ambiciosos.


Respeta la vida como lo hacen los que la desean.


Sé feliz como lo son los que viven para la felicidad.


Busca en tu corazón la raíz del mal y arráncala. Esta raíz vive en el corazón del discípulo fervoroso lo mismo que en el ser humano de deseos. Solamente el fuerte puede destruirla. El débil tiene que esperar su crecimiento, su fructificación y su muerte. Es esta una planta que vive y se desarrolla a través de las edades. Florece cuando el ser humano ha acumulado en sí mismo existencias innumerables. El que quiera entrar en la senda del poder, debe arrancarla de su corazón. Y entonces, del corazón brotará sangre, y la vida toda del ser humano parecerá desvanecerse por completo. Hay que sufrir esta prueba; puede presentarse en el primer peldaño de la peligrosa escala que al sendero de vida conduce, puede no venir hasta lo último. Pero acuérdate, ¡oh, discípulo!, que tienes que pasar por esta prueba, y refuerza las energías de tu alma para tal empresa.


No vivas en lo presente ni en lo futuro, sino en lo eterno. Allí no puede florecer esta hierba gigantesca: esta mancha de la existencia la borra la atmósfera misma del pensamiento eterno.