SIN ADORACIONES

Más que creer o seguir a los “Maestros de Sabiduría”, en Metafísica, lo importante es desarrollar lo que Ellos instruyen y que se sintetiza en el desenvolvimiento del “Ser Interno”, los “Siete Aspectos de Dios” y el cumplimiento de los “Siete Principios Universales”. Junto con ello, hay que tener Buena Voluntad para con todo el mundo; Sabiduría y “Sentido Común” en las cosas que se hacen; ser amorosos con la gente, ser incluyentes, culturizarse y educarse; elevarse, progresar siempre en todo, ser bellas personas; vivir en la Verdad, consagrarse a Dios, ser alegres; realizar la prosperidad, ser pacíficos; perdonar, tratar de ser libres del apresamiento de los sentidos y tener Amor Compasivo para con todas las cosas y personas.
Dondequiera que se desenvuelve el “Ser Interno”, sus Aspectos y Principios, están los Maestros de Sabiduría, aunque no se los mencione ni se los reconozca. Si no se realiza esto, los Maestros no están, aunque se diga que se los sigue, se los invoque, se hable de Ellos y se afirme que se hace lo que Ellos dicen.


Si el estudiante es fiel, amoroso, servicial, humilde, paciente, renunciante, perdonador, inegoísta, veraz, puro, compasivo, diplomático, sabio y de “Buena Voluntad” con el grupo de estudiantes que tiene como condiscípulos, dará un excelente motivo para que un “Maestro de Sabiduría” lo tome para trabajar dentro de alguno de los renglones del servicio requerido a beneficio del género humano. Si, por el contrario, el estudiante es competitivo, criticador, problemático, separatista, egocentrista, carente de comprensión, perdón, sabiduría, veracidad y honestidad, no importa la escuela donde esté, a la que se cambie o se vaya, jamás un verdadero “Maestro de Sabiduría de la Jerarquía Espiritual” lo tomará como estudiante. No importa lo que este individuo alegue, crea, diga o se imagine. En la verdadera “Vivencia Interna” existe el perdón, pero nunca la justificación del error, la mentira, el engaño, la traición y la división.
Extraído del libro "Perfil de la Metafísica" de Rubén Cedeño, editorial Señora Porteña