RESTITUYENDO EL PLAN DIVINO

Este hermoso “Plan Divino de Perfección” en que vivíamos durante la “Edad Dorada”, está en que se vuelva a concienciar en nuestras vidas, que DIOS no nos ha mandado a la existencia a sufrir, a vivir como rezagados ni condenados. Con toda la autoridad que nos pueden dar: nuestro poder mental, los decretos, la Oración Científica, la Práctica del Cristo, la “Divina Presencia de Dios Yo Soy” y el Rayo Violeta, podemos afirmar que desbarate lo nefasto. Ante lo que no sea nuestro “Plan Divino de Perfección”, digamos: “Este no es el Plan Divino de Dios para mí. Yo decreto que el PLAN DIVINO DE DIOS para mí se manifieste ahora mismo. Gracias Padre”. Veremos como comienzan a cambiar las cosas, incluso en el mundo externo de los demás, haciendo que contactemos nuestro Cristo. Todo dependerá del grado de confianza y fe que pongamos en este decreto, creyendo que puede cambiar nuestra vida.


Así como algunas personas han manifestado la Caridad de Dios, como la Madre Teresa de Kólkata; otros la Salud y Curación de Dios, como José Gregorio Hernández y el Padre Mario; ha habido seres que han manifestado en su “Plan Divino de Perfección” el vivir en “El Cielo” estando en la Tierra, como por ejemplo: el Rey Ludwig II de Baviera en sus magnificentes palacios, favoreciendo la manifestación de la Música de las Esferas, al ser el mecenas de Wagner; Guy Ballard y Elena Ballard, precipitando y expandiendo hacia el mundo un universo de belleza y perfección con las Enseñanzas de los Maestros Ascendidos; Jiddu Krishnamurti, viviendo de manera armónica, apacible, y transmitiendo hermosamente las Enseñanzas; Emmet Fox, que se dedicó por completo a la transmisión de la Metafísica, siempre rodeado por un mundo de excelencia; Conny Méndez y Lucy Littlejohn, que manifestaron en sus vidas la perfección, belleza y pulcritud de los planos celestiales. Hay películas que han expresado en imágenes, varios aspectos de esta forma de vivir celestial, como: “The Sound of Music”, “Oklahoma”, “The King and I”, “Annie”, “Horizontes Perdidos” y “Escuela de Música”.

Extraído del Libro “EL CIELO”, de Rubén Cedeño.