PIDIENDO CON HUMILDAD

Cuando se pide un beneficio espiritual, ser aceptado en una escuela de Sabiduría o templo, recibir una consagración en algo –como, por ejemplo, para ser sacerdote-, poder recibir una iniciación, que se otorgue una bendición, todo esto hay que solicitarlo con la más grande de todas las humildades, sin alevosía, para que en ningún momento parezca un reclamo, una orden o algo que hay que darlo porque sí, ya no es la manera de pedir ni de recibir los Dones Espirituales. Si es así, el que da la dote, seguro que no la otorgará. ¿Qué va a hacer alguien con una dote espiritual, si no tiene la más grande humildad? Convertirse en un monstruo. Poder con humildad construyen el mundo. Poder con orgullo destruyen el mundo.


Todas las dádivas –sobre todas las espirituales-, cuando se las desea, deben ser pedidas como si no se merecieran, porque en realidad nunca se es merecedor de tan altas dotes. Se merece la comida, la salud, el suministro, el amor, la belleza, la inteligencia, y se suplican humildemente las bendiciones, que nos conducen al “Trono de Dios”.

Extraído del Libro “HUMILDAD”, de Rubén Cedeño.

Editorial Señora Porteña.



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