Los Elementales y la Señora Amarilis: la Naturaleza como expresión de la Vida y la Conciencia
Actualizado: hace 34 minutos

Introducción
Desde tiempos remotos, el ser humano ha contemplado la Naturaleza con asombro. Las montañas, los ríos, el fuego, el viento, las flores y los bosques han sido considerados no solamente manifestaciones del mundo físico, sino también expresiones de fuerzas y principios invisibles.
En numerosas tradiciones espirituales y mitológicas aparecen seres relacionados con los elementos naturales. Ninfas, hadas, gnomos, ondinas, silfos, salamandras y otras figuras forman parte de un imaginario que atraviesa distintas culturas y épocas. Dentro de la enseñanza metafísica que sirve de marco a este artículo, estas representaciones adquieren una interpretación particular: se considera que detrás de las manifestaciones de la Naturaleza existe un Reino Elemental constituido por seres que colaboran en los procesos de construcción, conservación y transformación de la forma.
Esta concepción propone mirar la Naturaleza desde una perspectiva diferente. La montaña deja de ser únicamente una formación geológica; el río no es solamente agua en movimiento; una flor no constituye simplemente una estructura vegetal. Cada una de estas expresiones puede ser contemplada, dentro de esta enseñanza, como el resultado visible de un trabajo invisible.
Desde esta perspectiva, acercarse a los Elementales no significa únicamente intentar conocer sus nombres o características. Implica desarrollar una actitud de respeto, gratitud y sensibilidad hacia la Naturaleza.
Para comprender esta visión es necesario comenzar por conocer el Reino Elemental, su organización y la función que se atribuye a sus distintos niveles de conciencia. Los cuatro elementos —Tierra, Agua, Aire y Fuego— no actúan de manera aislada, sino que participan conjuntamente en los procesos de la Vida. Los Directores Elementales aparecen, dentro de esta organización, como seres que orientan y coordinan grandes grupos de servidores.
Este recorrido conduce naturalmente hacia una figura especialmente vinculada con la belleza, la renovación y el despertar de la Naturaleza: Amarilis, la Amada Señora Diosa de la Primavera.
Su presencia dentro de la enseñanza metafísica permite comprender la Primavera no solamente como una estación del año, sino como un símbolo espiritual de renovación, restauración y renacimiento.
El propósito de este artículo es recorrer esta concepción del Reino Elemental, comprender la organización que sostiene el trabajo de la Naturaleza y profundizar particularmente en la figura de Amarilis, procurando mostrar la relación existente entre servicio, belleza, sensibilidad, renovación y evolución espiritual.
ÍNDICE TEMÁTICO
1. El Reino Elemental
Dentro de las enseñanzas metafísicas estudiadas, el Reino Elemental participa en la construcción y mantenimiento de la manifestación física.
Según el material recopilado, antes de la llegada del ser humano a la Tierra habría existido un trabajo realizado por los Elementales bajo la dirección de los grandes Constructores de la Forma y de los Siete Elohim. A ellos se atribuye la tarea de colaborar en la formación de montañas, plantas, ríos, mares y demás expresiones tangibles del planeta.
De acuerdo con esta concepción, los Elementales no son simples fuerzas impersonales. Se los presenta como seres con diferentes grados de evolución y con funciones específicas dentro del proceso creador.
La idea resulta particularmente significativa porque modifica la manera en que se observa el mundo natural. Allí donde habitualmente se percibe únicamente materia, la mirada metafísica propone reconocer una actividad inteligente y cooperativa.
El Reino Elemental es, dentro de esta enseñanza, un reino de servicio. Su trabajo no finaliza con la construcción inicial de la Tierra. Los Elementales continúan colaborando con los procesos de la Naturaleza y con el mantenimiento de la vida. Incluso después de la llegada de la humanidad, permanecieron para servir y mantener el trabajo de la Creación.
Esta idea de servicio constituye uno de los ejes fundamentales para comprender la enseñanza: la humanidad no existe separada de la Naturaleza, sino sostenida por una compleja red de procesos de los cuales muchas veces no es consciente.
Pero este servicio no se presenta como una actividad desorganizada. El material describe diferentes niveles de conciencia y responsabilidad que participan en la construcción y conservación de las formas. Para comprender esta organización es necesario acercarse a los Devas y a los Constructores de la Forma.
2. Los Devas y los Constructores de la Forma
Dentro de esta jerarquía espiritual aparecen los Devas y Constructores de la Forma, presentados en las fuentes como seres de gran evolución que trabajan bajo la dirección de los Elohim.
El material los describe como inteligencias vinculadas con la construcción de las formas de la Naturaleza. Su escala de acción puede abarcar desde la formación de jardines y flores hasta estructuras naturales de dimensiones mucho mayores.
Desde esta perspectiva, la construcción de una montaña o la manifestación de un lago pueden ser entendidas como expresiones de una inteligencia creadora que trabaja mediante distintos niveles del Reino Elemental.
Los Devas aparecen así como colaboradores de un proceso mayor y participantes dentro de una organización espiritual jerárquica.
El concepto de Constructor de la Forma resulta particularmente interesante porque permite comprender la creación como un proceso de aprendizaje. El material describe a pequeños Elementales que reciben el patrón de una flor y aprenden a sostenerlo. A través de sucesivos períodos de entrenamiento, desarrollan la capacidad de conservar y reproducir determinadas formas.
En esta enseñanza, la evolución elemental se presenta como un proceso gradual. El pequeño Elemental comienza aprendiendo a reflejar una forma y, con el tiempo, puede avanzar hacia tareas de mayor responsabilidad dentro de la Naturaleza.
Incluso se señala que aquellos que alcanzan determinados grados de desarrollo pueden llegar a colaborar con la Gran Corte de Amarilis, participando en la creación de belleza en el mundo de la forma.
Esta referencia introduce, desde este momento, una conexión que más adelante adquirirá todo su significado: la evolución elemental no solamente está relacionada con la construcción y conservación de las formas, sino también con la manifestación de la belleza.
Aquí comienza a aparecer una relación esencial entre evolución, servicio y belleza. La belleza, además de ser considerada como una experiencia estética humana, puede ser contemplada dentro de esta enseñanza como una manifestación de un proceso espiritual en el que participan distintos niveles del Reino de la Naturaleza.
Para comprender cómo se organiza este trabajo es necesario observar ahora los cuatro grandes ámbitos en los que se expresa el Reino Elemental.
3. Los cuatro elementos: una obra de cooperación
La enseñanza metafísica estudiada divide el Reino Elemental en cuatro grandes grupos asociados con los elementos tradicionales: Tierra, Agua, Aire y Fuego.
Cada uno posee, según estas fuentes, una dirección espiritual particular y diferentes tipos de Elementales.
La Tierra se relaciona con los Gnomos; el Agua, con las Ondinas; el Aire, con los Silfos; y el Fuego, con las Salamandras. El material atribuye la dirección de estos elementos a distintas inteligencias cósmicas: Virgo y Pelleur para la Tierra, Neptuno y Lunara para el Agua, Aries y Thor para el Aire, y Helios y Vesta para el Fuego.
Más allá de la literalidad con que cada persona pueda interpretar estas enseñanzas, la división posee también un fuerte valor simbólico.
Tierra
La Tierra representa estabilidad, concreción y manifestación.
Comprende el mundo de la materia, las montañas, los minerales, los árboles, las flores y las múltiples expresiones de la vida vegetal. Los Gnomos aparecen como uno de los principales grupos elementales relacionados con este elemento.
Agua
El Agua se relaciona con la sensibilidad, las emociones y el movimiento.
Comprende los mares, ríos, lagos, fuentes y corrientes. Las Ondinas son presentadas como uno de sus principales grupos elementales, junto con otras figuras tradicionalmente relacionadas con las aguas.
Aire
El Aire se vincula con la respiración, el pensamiento, el movimiento y la transmisión.
Está relacionado con el viento y la atmósfera. Los Silfos aparecen como los principales servidores elementales asociados con este ámbito.
Fuego
El Fuego expresa energía, transformación, purificación y luz.
Se relaciona con los procesos de transformación y con la energía que permite el desarrollo de la vida. Las Salamandras son presentadas como los seres elementales correspondientes a este elemento.
La cooperación de los cuatro elementos
Aunque cada reino posee características y funciones propias, ninguno existe completamente separado de los demás. Tierra, Agua, Aire y Fuego participan conjuntamente en los procesos de la Vida.
Una flor puede servirnos como ejemplo de esta cooperación.
Su manifestación pertenece aparentemente al reino de la Tierra, pero para que pueda crecer necesita del Agua, del Aire y de la energía del Fuego. La semilla necesita tierra; la planta necesita agua; las hojas participan del intercambio con el aire; el calor y la luz permiten que se desarrollen los procesos que conducen a la floración.
Desde la perspectiva metafísica, detrás de esta manifestación visible existiría además el trabajo de numerosos seres elementales, cada uno colaborando desde su propio ámbito.
La flor, por lo tanto, puede contemplarse como mucho más que una estructura vegetal. Puede convertirse en un símbolo de cooperación, orden y servicio.
La Naturaleza aparece así como una inmensa obra en la que ningún elemento actúa completamente solo.
Lo que nuestros sentidos perciben como algo sencillo puede ser, desde esta perspectiva, el resultado de una compleja cadena de cooperación invisible.
Una flor no sería solamente el resultado de la acción de un único ser. En su manifestación participarían distintos niveles del Reino Elemental: quienes trabajan directamente sobre la forma, quienes colaboran con los procesos propios de cada elemento y quienes coordinan y orientan esos trabajos desde niveles superiores.
Esta concepción permite comprender que la diversidad de la Naturaleza no significa separación. Por el contrario, detrás de la multiplicidad puede reconocerse una profunda interdependencia. Y es precisamente en este punto donde adquiere especial importancia la función de los Directores Elementales.
4. Los Directores Elementales
La enseñanza presenta una organización en diferentes niveles: los grandes Constructores de la Forma y los Seres superiores establecen y sostienen los grandes patrones de la creación; los Directores Elementales orientan extensos grupos de servidores; y los distintos Elementales realizan las tareas correspondientes a cada ámbito de la Naturaleza.
Podríamos representarlo, de manera general, de la siguiente forma:
Grandes Constructores de la Forma y Devas → Directores Elementales → grupos de Elementales → manifestaciones de la Naturaleza.
Esta estructura no debe entenderse únicamente como una jerarquía de autoridad. También puede contemplarse como una jerarquía de servicio y responsabilidad.
Cada ser participa de acuerdo con su grado de evolución y con la tarea que está preparado para realizar.
Los pequeños Elementales aprenden progresivamente a colaborar con funciones cada vez más complejas. Aquellos que han alcanzado mayores niveles de desarrollo pueden asumir responsabilidades superiores y participar en la coordinación de grupos más amplios.
De este modo, la evolución no aparece solamente como adquisición de conocimiento, sino como una creciente capacidad para servir con mayor conciencia, armonía y responsabilidad.
Los Directores Elementales representan, dentro de esta organización, uno de los niveles que permiten comprender cómo se coordina el trabajo de los diferentes grupos de servidores.
Su función adquiere así un significado que va más allá de una simple clasificación de seres.
Representan un principio de orden y coordinación dentro de la gran obra de la Naturaleza.
La existencia de estos distintos niveles permite comprender que una manifestación natural puede ser el resultado de múltiples tareas realizadas en conjunto.
Detrás de una flor no estaría solamente el trabajo de quienes colaboran directamente con su forma. También existirían, según esta concepción, distintos niveles de conciencia que orientan, coordinan y sostienen ese trabajo.
La evolución aparece entonces estrechamente vinculada con el servicio.
Quien aprende a servir una pequeña forma puede, con el tiempo, estar preparado para asumir una responsabilidad mayor. De esta manera, el servicio se convierte también en un camino de evolución.
Del orden elemental a la Primavera
Comprender esta organización nos permite acercarnos de una manera más profunda a la figura de Amarilis, la Amada Señora Diosa de la Primavera.
Si los pequeños Elementales participan en la construcción y mantenimiento de las formas naturales, y los Directores Elementales coordinan grandes grupos de servidores, Amarilis aparece dentro de una esfera vinculada con la renovación, la belleza y el despertar de la Naturaleza.
La Primavera puede ser contemplada, entonces, como una expresión visible de una actividad invisible y coordinada.
Cuando después del invierno comienzan a aparecer los primeros brotes, cuando los árboles recuperan su follaje y los campos se cubren de flores, asistimos a una transformación que parece producirse espontáneamente.
Sin embargo, desde la perspectiva de esta enseñanza, ese despertar sería la expresión exterior de un inmenso trabajo de cooperación entre diferentes niveles del Reino de la Naturaleza.
La Tierra sostiene.
El Agua nutre.
El Aire participa en los procesos de la vida.
El Fuego aporta energía.
Los Elementales colaboran en las distintas tareas y los niveles superiores orientan y coordinan ese trabajo.
La belleza visible puede contemplarse así como la expresión final de una cadena de servicio.
Y es precisamente allí donde comienza el camino hacia Amarilis: en la comprensión de que detrás de la belleza visible existe, según esta visión metafísica, un universo de servicio invisible.
5. Amarilis, la Amada Señora Diosa de la Primavera
Llegamos así a la figura central de este estudio.
Dentro de la enseñanza metafísica, Amarilis es presentada como la Amada Señora Diosa de la Primavera.
Su función está asociada con la renovación de la vida, la manifestación de la belleza y el despertar de la Naturaleza.
La Primavera aparece entonces como mucho más que una estación. Es una imagen espiritual de aquello que vuelve a florecer después de un período de quietud.
El servicio de la Primavera está relacionado con la preparación y renovación de la Tierra, con la creación de flores y con la manifestación de la belleza en la forma.
Esta concepción permite comprender por qué Amarilis ocupa un lugar especial dentro de la visión del Reino Elemental.
Su presencia no aparece aislada del trabajo de los seres que construyen y sostienen las formas. Por el contrario, se encuentra relacionada con ese gran proceso de cooperación en el que diferentes niveles de conciencia participan en la manifestación de la Vida y la Belleza.
La referencia anterior a la Gran Corte de Amarilis permite comprender también que la belleza no constituye un aspecto separado del proceso evolutivo del Reino Elemental. Aquellos seres que avanzan en su aprendizaje y alcanzan determinados grados de desarrollo pueden llegar a colaborar en esta esfera de servicio.
Amarilis aparece así como una figura vinculada con una de las expresiones más delicadas de la creación: la capacidad de renovar, restaurar y manifestar belleza.
La Primavera interior
¿Qué significa, entonces, hablar de una Primavera interior?
Podemos entenderla como la capacidad de volver a comenzar.
La Naturaleza ofrece cada año una representación de este principio. Después del invierno aparecen nuevamente los brotes, las flores, los colores y los frutos. La vida parece recordar que ningún período de quietud tiene necesariamente que ser definitivo. En este sentido, Amarilis puede ser contemplada simbólicamente como una expresión de la esperanza espiritual. Su enseñanza no se limita a decir que la Naturaleza renace. También invita al ser humano a preguntarse:
¿Qué necesita renacer dentro de mí?
¿Qué parte de mi vida necesita ser restaurada?
¿Qué pensamiento necesita florecer nuevamente?
¿Qué belleza he dejado de percibir?
Estas preguntas permiten trasladar la enseñanza desde el mundo exterior hacia la experiencia interior.
La Primavera de Amarilis puede convertirse así en una metáfora de transformación personal.
Amarilis y la creación de belleza
Existe otro aspecto fundamental en la figura de Amarilis: su relación con la Belleza.
El material recopilado presenta su servicio como una tarea de enorme concentración y constancia para crear y restaurar belleza en la forma manifiesta.
Esto resulta particularmente significativo porque permite comprender la belleza como una fuerza activa.
Crear belleza requiere atención.
Cuidar una planta requiere atención.
Cultivar un jardín requiere atención.
Crear una obra de arte requiere atención.
Incluso transformar una relación humana requiere atención.
Desde esta perspectiva, la belleza deja de ser un adorno superficial y se convierte en una forma de servicio.
La Primavera nos enseña que la belleza necesita ser renovada constantemente.
Una flor se abre, florece y luego vuelve a la tierra. Pero la vida no desaparece; continúa su ciclo y vuelve a manifestarse.
Amarilis simboliza precisamente esa continuidad.
La Primavera exterior nos muestra el renacimiento de la Naturaleza. La Primavera interior nos recuerda que también el ser humano puede participar de ese proceso de renovación.
6. El ser humano y el Reino Elemental
Después de comprender la organización del Reino Elemental y la figura de Amarilis, surge una pregunta fundamental:
¿Cuál es el lugar del ser humano frente a este Reino?
La respuesta que surge del material no parece ser la de un amo que domina la Naturaleza, sino la de un ser que forma parte de ella.
El ser humano respira gracias al aire, bebe agua, se alimenta de la tierra, recibe energía del fuego y depende de incontables procesos naturales que normalmente ocurren sin que tenga conciencia de ellos.
La visión metafísica presentada en este artículo propone, por lo tanto, una relación basada en el reconocimiento, la gratitud y el respeto.
El Elemental del Cuerpo
Una de las ideas más particulares del material investigado es la existencia del denominado Elemental del Cuerpo.
Según el Libro de la Vida de los Maestros Ascendidos, dentro de esta concepción metafísica, cada ser humano tiene asociado un Elemental encargado de colaborar en la construcción y conservación de su vehículo físico.
A este ser se le atribuyen funciones relacionadas con la formación del cuerpo durante la gestación, su crecimiento, mantenimiento y reparación.
La imagen resulta profundamente simbólica: así como la Naturaleza sostiene silenciosamente los procesos de la vida exterior, existe también un trabajo invisible dedicado al sostenimiento de nuestro propio organismo.
Esta enseñanza invita, por lo tanto, a desarrollar una actitud de gratitud hacia el cuerpo.
El ser humano suele identificarse con su cuerpo, pero pocas veces contempla la enorme complejidad de procesos que ocurren en él de manera automática. Desde la perspectiva metafísica, reconocer al Elemental del Cuerpo significa reconocer también el servicio silencioso que acompaña nuestra experiencia física.
El sacrificio del Reino Elemental
Uno de los aspectos más profundos del material recopilado es la idea del sacrificio del Reino Elemental.
Las fuentes presentan a estos seres como servidores de la vida, quienes trabajan continuamente para sostener las condiciones necesarias para la existencia humana.
Al mismo tiempo, se plantea que la actividad humana puede afectar negativamente a estos reinos. La contaminación, la destrucción de los ambientes naturales y la discordia son interpretadas, dentro de esta enseñanza, como formas de energía que repercuten sobre el Reino Elemental.
Es una invitación ética muy concreta: aprender a relacionarnos con la Naturaleza desde el respeto y no desde la explotación.
El material llega a formular una idea especialmente significativa: amar al Reino Elemental por el hecho mismo de que existe y no solo por todo lo que brinda al ser humano.
Esta diferencia es esencial.
No se trata de acercarnos a la Naturaleza únicamente para pedirle algo. Se trata de reconocerla, agradecerla y cuidarla.
La sensibilidad como puerta de contacto
Uno de los conceptos más bellos de la enseñanza recopilada es el de la sensibilización.
Los Elementales son presentados como seres que pueden ayudarnos a desarrollar una percepción más delicada de la realidad. Para ello, se propone observar conscientemente la Naturaleza: sentir el viento, contemplar una llama, escuchar la música, observar una flor, percibir el agua y apreciar las expresiones artísticas.
Esta propuesta convierte la relación con los Elementales en una práctica de atención.
El objetivo no consiste simplemente en intentar ver seres invisibles. La finalidad es aprender a percibir aquello que normalmente pasamos por alto.
En este sentido, artistas, niños y personas profundamente conectadas con la Naturaleza son presentados en el material como ejemplos de seres especialmente sensibles al Reino Elemental.
La música, la danza, la pintura, la escultura y la contemplación de la Naturaleza pueden convertirse así en caminos de sensibilización.
Hay aquí una enseñanza que atraviesa todo el artículo: para entrar en contacto con la belleza hay que aprender primero a detenerse a mirar, escuchar, sentir y agradecer.
Discernimiento y responsabilidad
El material de investigación también incorpora una dimensión relacionada con el uso del conocimiento sobre los Elementales.
Según Rubén Cedeño, los llamados Magos Blancos son quienes utilizan su conocimiento de los Elementales y otros seres de luz con propósitos asociados con la buena voluntad, la enseñanza, el amor, la paz, la belleza y el servicio.
En contraste, la misma fuente utiliza la expresión Magos Negros para quienes emplean el conocimiento elemental con fines destructivos o negativos.
Más allá de las categorías doctrinales utilizadas por la fuente, aparece aquí un principio ético: el conocimiento no garantiza por sí mismo un uso correcto.
También se advierte sobre los llamados Elementales engañosos. Según la fuente, algunos pueden presentarse bajo apariencias o nombres que induzcan a las personas a creer que están recibiendo mensajes de entidades espirituales superiores.
Esta advertencia introduce un elemento de discernimiento dentro de la enseñanza.
No todo fenómeno extraordinario debe ser aceptado sin reflexión.
El conocimiento espiritual, desde esta perspectiva, requiere prudencia, discernimiento y responsabilidad.
7. Una nueva mirada sobre la Naturaleza
Tal vez uno de los mayores aportes de esta enseñanza sea la invitación a:
Mirar una flor como si fuera la primera vez.
Escuchar la lluvia sin considerarla una molestia.
Sentir el viento sobre el rostro.
Contemplar una llama.
Caminar sobre la tierra.
Observar el movimiento de las hojas.
Escuchar el canto de un pájaro.
Todas estas experiencias pueden transformarse en ejercicios de sensibilidad.
El Reino Elemental, desde esta perspectiva metafísica, no está separado de la vida cotidiana. Se encuentra precisamente allí donde la vida se manifiesta.
La dificultad está en que la costumbre nos ha hecho dejar de observar.
Por eso, el primer paso para recuperar la relación con la Naturaleza no sería buscar experiencias extraordinarias, sino recuperar la capacidad de observación y asombro frente a lo cotidiano.
La enseñanza sobre Amarilis puede integrarse también en esta mirada.
La Primavera no necesita presentarse como algo extraordinario para transmitir su mensaje. Basta observar cómo una pequeña flor aparece después del invierno para reconocer en ella una imagen de renovación.
La Naturaleza nos muestra continuamente que la vida puede volver a expresarse y aquello que parecía cotidiano, puede adquirir un nuevo significado.
Conclusión
El estudio de los Elementales y de la Señora Amarilis permite ingresar en una visión de la Naturaleza profundamente simbólica y espiritual.
Dentro de la enseñanza metafísica estudiada, los Elementales aparecen como colaboradores invisibles de la manifestación, vinculados con los cuatro elementos, con la construcción de las formas y con el mantenimiento de múltiples procesos de la vida.
Los Devas y Constructores de la Forma representan niveles superiores de esta organización; los distintos grupos elementales participan en el desarrollo de la Tierra, el Agua, el Aire y el Fuego; y los Directores Elementales orientan y coordinan grandes grupos de servidores.
Todo este trabajo puede contemplarse como una gran obra de cooperación.
La Tierra sostiene.
El Agua nutre.
El Aire participa.
El Fuego transforma.
Los Elementales sirven.
Los Directores coordinan.
Y detrás de esta organización se manifiesta, según esta enseñanza, una inteligencia dedicada a sostener y desarrollar las formas de la Vida.
Pero el mensaje central no parece estar únicamente en conocer quiénes son estos seres.
Está en aprender a relacionarnos de otra manera con la Naturaleza.
La figura de Amarilis profundiza todavía más esta enseñanza.
Como Señora de la Primavera, representa la renovación, la belleza, la restauración y la capacidad de volver a florecer.
Su Primavera no pertenece únicamente al paisaje exterior: también puede ser comprendida como una posibilidad interior.
Cada ser humano puede atravesar períodos de invierno. Puede experimentar momentos de quietud, pérdida, cansancio o aparente esterilidad.
Sin embargo, la Naturaleza ofrece permanentemente el símbolo del renacimiento.
Después del invierno vuelve la Primavera.
Después de la oscuridad vuelve la luz.
Después de la semilla aparece la flor.
Y después de una etapa de silencio puede volver a surgir la vida.
Por eso, la enseñanza atribuida a Amarilis resulta especialmente significativa: la belleza no es algo que ocurre una sola vez. Debe ser recreada constantemente.
La Primavera necesita volver cada año.
La Naturaleza necesita ser cuidada.
El cuerpo necesita ser respetado.
La sensibilidad necesita ser cultivada.
Y la conciencia humana necesita recordar que nunca estuvo separada de la gran obra de la Vida.
Tal vez acercarse al Reino Elemental signifique, en última instancia, aprender a contemplar de nuevo aquello que siempre estuvo frente a nuestros ojos.
Porque quizás allí donde vemos solamente una flor, una corriente de agua, una montaña o una brisa, la enseñanza metafísica nos invita a reconocer algo más profundo: el misterio de una Vida que continúa creando, sosteniendo y renovando la belleza.
Y quizás allí, precisamente allí, comienza nuestra propia Primavera.
Bibliografía
📍Metafísica Avanzada — Rubén Cedeño. Ed. Metafísica, Buenos Aires, Argentina.
📍Libro de la Vida – Maestros Ascendidos. Ed. Metafísica, Buenos Aires, Argentina.
📍Elementales — Rubén Cedeño. Ed. Metafísica, Buenos Aires, Argentina.
INVESTIGACIÓN TEMÁTICA

Silvia López, facilitante de Metafísica Moreno.

Liliana Caputo, facilitante de Metafísica San Isidro y Buenos Aires
ESTRUCTURA Y COMPILACIÓN

Nora Manso, facilitante de Metafísica Río Negro y Neuquén
REVISÓN TÉCNICA Y COMPILACIÓN

Alejandra Capuzzi, facilitante de Metafísica Quilmes y Metafísica Adrogué





























Comentarios