LO POSITIVO DE LO NEGATIVO
- FERNANDO HECTOR CANDIOTTO
- 20 jun 2022
- 2 Min. de lectura
Ante la incesante avalancha de ofrecimientos consumistas de todo tipo, al tener la vanidad de presumir, ser o tener esto o lo otro, hay que acordarse siempre que todo ello, en algún momento inesperado, se acaba. Todo puede terminar, sea por un acontecimiento político, un desastre natural, la ruina, una enfermedad o la desencamación. Es aquí donde la reflexión en un cementerio o crematorio puede bajar los humos, hacer que se perciba la realidad de la vida, la existencia, y se diga: “Esto también me pasara a mi”. La gente orgullosa, apegada a lo externo y presuntuosa, no gusta de los cementerios ni de los crematorios.
Personalmente, a lo largo de toda una vida, he dedicado un incontable tiempo a la meditación en los crematorios de Benarés, en India, y en los cementerios occidentales, como el "Pére-Lachaise" de París, donde están enterradas grandes personalidades de la historia, y los más abandonados camposantos de pueblos perdidos en zonas inhóspitas. Esto, muy lejos de ser un acto nauseabundo, es un hecho sumamente positivo que produce mucha fortaleza interna para asumir grandes desapegos en la vida, como: la soledad, no tener una residencia fija, vivir sin familiares, subsistir sin ingresos económicos fijos, vestirse con lo que se puede llevar en una sola maleta, sin saber donde será la próxima comida y, amén de todo ello, vivir agradecido, con completa armonía y absoluta felicidad.

cementerio de Peré Lachaise, París, Francia
En la mística medieval occidental se usaban cráneos o calaveras, en sitios clave, para recordar la "nada de la vida”. En Oriente, los sabios maestros siempre han recomendado visitar los crematorios para contemplar la realidad de que en el mundo todo es vana ilusión.
La razón para vivir contemplando estas crudas realidades del cuerpo es no apegarse a nada: casas, transportes, tecnología de punta, familiares y amistades, lujos, comodidades y demás asuntos externos, para que, cuando falten -y siempre pueden faltar en algún momento-, no se sufra por ello. Meditar sobre la brevedad y futilidad de la vida, en los crematorios y cementerios, libera de la identificación con el "yo personal” “lo mío".
Texto extraído del libro "Fundamentos de la Atención" de Siddhartha Gautama - Rubén Cedeño publicado por Editorial Señora Porteña






























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