LA MISA

La Misa es la celebración del principal ritual de la religión católica. En latín, la palabra “Misa” significa “envío”, un envío divino desde Dios, los ángeles y santos a la gente, para bendecirla con protección, fe, iluminación, amor, belleza, misticismo, prosperidad, alegría y perdón, donde el que participa tiene la oportunidad de perdonar sus faltas y las de los demás; incrementar su salud, prosperidad, paz, armonía, y hacer contacto con su Cristo Interno. La Misa está enmarcada dentro del Rayo Violeta del Orden Ceremonial y del Rayo Oro-Rubí del misticismo, la devoción y la prosperidad. El Oro- Rubí es el color de las vestiduras de los cardenales. Participar devota, mística y conscientemente de la Misa es hacer contacto directamente con “El Alma” o “Cristo Interno”.
La palabra “Misa” fue acuñada para esta celebración en el siglo IV, cuando al final se decía “ite, missa est” o “El envío o descarga ha terminado. Se pueden ir”. Así quedó con el nombre de “Misa”.
Las personas que fueron conformando la “Santa Misa” quisieron que durante el tiempo en que se celebra se concentrara toda la esencia del cristianismo; algo fantástico, además de muy hermoso, con un grandísimo significado metafísico, altamente espiritual.
Metafísicamente, la Misa cumple con cuatro funciones espirituales: es latreútica, eucarística, propiciatoria, impretatoria.
Latreútica: Ora a Dios. Eucarística: Agradece a Dios. Propiciatoria: Adecuada en toda situación o necesidad. Impretatoria: Acepta la Gracia de Dios.



SURGIMIENTO DE LA MISA
Los primeros cristianos quisieron enmarcar el acto de la comunión –de comer el pan y beber el fruto de la vid– y empezaron a agregarle asuntos para enriquecerlo y darle más importancia. Tuvieron la idea de, antes de la consagración del pan y del vino, leer fragmentos de las enseñanzas de Jesús, del Antiguo Testamento –como lo hacían