EL SEÑOR ESTÉ CON VOSOTROS

CONCEPTO INMACULADO DE LA MISA La Misa tiene un “Concepto Inmaculado” y un “Plan Divino de Perfección” diseñado y sostenido en los planos internos por el propio Maestro Jesús, considerando que fue descargada a sus prelados por lo llamado “inspiración del Espíritu Santo”, y que se ha ido perfeccionando a lo largo del tiempo.
SALUDO INICIAL DOMINUS VOBISCUM Comenzando la Misa, el sacerdote saluda a la feligresía en el nombre de la Santísima Trinidad, diciendo: “El Señor esté con vosotros”. La feligresía responde: “Y con tu espíritu”. Esto, dicho en latín y con otras palabras, es el dicho en latín y con otras palabras, es el“DOMINUS VOBISCUM. –ET CUM SPIRITU TUO”. Aquí comienza la gran descarga de energía divina que se moviliza en la Misa. Este hecho se produce cinco veces, de principio a fin, en la liturgia contemporánea (2021) de la Misa.

Al papa San Ponciano, en el primer lustro del 230, se le debe el poner en ejercicio, en el catolicismo y la Misa, los Salmos, el rezo del Confiteor y del “Dominus vobiscum” o “El Señor esté con vosotros”.

Si el sacerdote es puro, noble, devoto, místico, y está en contemplación de lo que hace y dice –sea en lengua vernácula o, más todavía, en latín–, al pronunciar “El Señor esté con vosotros”, moverá el más grande poder de la Santísima Trinidad, que es la Sagrada Llama Triple origen de todo lo creado en el universo, con “Océanos de Luz Viva”, poderosas fuerzas espirituales, capaces de espiritualizar, sanar, prosperar, alegrar y solucionar situaciones.
La feligresía responde: “Y con tu Espíritu”. Hoy en día, la feligresía se sienta en bancos debajo del cañón de la bóveda de la nave o de las naves a escuchar la Misa. Estos bancos fueron introducidos dentro de este ritual en el siglo XVI, porque al principio, las personas se sentaban en el suelo o en rededor del altar.
Esa misma fuerza espiritual inmensa, movida por el sacerdote y lanzada a la feligresía, se devuelve repotenciada al altar y al celebrante, con la acumulación de todas las energías propias de cada feligrés, y comienza un inmenso movimiento de “Luz Celestial” por toda la iglesia colmada de ángeles y santos. En ocasiones, esto es tan fuerte que el sacerdote puede tambalear.
Extracto del libro "MISA" de Rubén Cedeño, Editorial Señora Porteña
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