DESAPEGO

La vida inclina constantemente al desapego, aunque muchas personas no se den cuenta de ello. Cuando se está cómodamente en el vientre de la madre, sin frío ni calor, sin hambre, sin ninguna necesidad, y se nace, al salir de allí, surge el primer desapego: hay que afrontar un medioambiente que resulta hostil, comparado con el sitio donde se estaba; se comienza a vivenciar el frío, el calor, el ruido, la ansiedad, el deseo y tantas cosas más. Más adelante, hay que desapegarse de la mamadera, y tiempo después, del mantenimiento que los padres, la persona que lo cría o que lo mantiene le da a uno, y hay que ir a trabajar, para producir el sustento por el propio esfuerzo.


Cuando muere alguien querido, se produce el abandono de alguna persona amada, se deja la casa de crianza o hay que emigrar, inevitablemente existe un desapego que es producto de las circunstancias. En estas situaciones, el desapego no es una virtud o logro vinculado a una práctica espiritual o religiosa; es algo a lo que la vida inclina de forma natural. Lo que sucede es que la verdadera espiritualidad, un facilitador espiritual o maestro real, consciente de todo esto, prepara y ejercita al practicante o estudiante en este asunto, pues sabe que, en el devenir de las cosas, nada es permanente, y solo el “Vacío” que produce el desapego es real, asunto que fácil y acertadamente se relaciona a una práctica mística o ascética, se esté o no en una religión o grupo espiritual.


Es sumamente necesario desenvolver la práctica del desapego, ya que este produce una gran estabilidad en medio de la inestabilidad a la que inducen a las pérdidas, y un gran equilibrio interior en comparación con el desequilibrio externo que pueden generar los extravíos de ciertas cosas.


Desapego es desprenderse y no apegarse a nada -sea transcendente o intrascendente, espiritual o material- que ate física, emocional o mentalmente, y que robe la atención; para poder dedicarse a lo único eterno, trascendente, que no cambia jamás y que es lo más importante: el Alma o Cristo Interior, y todo lo que a esto concierne, como la “Enseñanza Espiritual”, el tomar como ejemplo la vida de los Santos y Maestros, y dedicarse al Servicio a la humanidad, la meditación y la oración.


En el desapego de todas las cosas está la esencia de la práctica de la espiritualidad más honesta y pura, que no contempla lo que puede llevar a lo más encumbrado, porque esto sería ambición espiritual y apego a obtener logros, asunto al que también hay que renunciar, en el logro del verdadero desapego.


Extraído del Libro “DESAPEGO, de Rubén Moreno.

Editorial Señora Porteña.


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