DECRETO

Las personas se hacen problemas -y algunas sufren por ellos- por motivos que se pueden detectar perfectamente. Una de las principales causas de sus problemas es que viven decretando cosas negativas. Pero eso se puede cambiar.


Los decretos son afirmaciones verbales o mentales, sean en positivo o negativo, que, cuando están respaldadas con el sentimiento y el pensamiento, casi siempre se manifiestan, a veces de inmediato o tiempo después, produciendo el efecto de lo que se ha dicho.


Lo que creemos, sentimos y expresamos de las cosas en palabras, tarde o temprano, se cumple. El Maestro Jesús desenvolvió su ministerio realizando decretos de diferentes índoles, y daba esta gran instrucción: “Por tus palabras serás condenado y por tus palabras serás justificado”.


Para no decretar dificultades, es conveniente no usar el término “problemas”; es mejor denominarlos: “situaciones”.


Las personas pasan el día decretando, con la palabra hablada o pensada, decretos positivos o negativos, que pueden de ser de Fe o temor, Bondad o maldad, Sabiduría o ignorancia, Amor u odio, Armonía o desarmonía, Salud o enfermedad, Prosperidad o pobreza, Perdón o condenación, y que siempre se cumplen.


CLASIFICACIONES DE LOS DECRETOS


Existen dos clasificaciones de decretos: los “Decretos Espirituales” y los “decretos cotidianos”.


Los decretos cotidianos son los que se hacen a diario en la vida común, que pueden ser positivos o negativos, como:


“Yo tengo Fe” o “me da miedo”.

“Yo puedo” o “yo no puedo”.

“Yo Soy Bueno” o “lo voy a joder”.

“Yo Soy Inteligente” o “yo soy bruto”.

“Yo Soy Amor” o “te odio”.

“Yo Soy armónico” o “soy un desastre”.

“Yo Soy Salud” o “me estoy muriendo”.