COMPARTIENDO LO INMORTAL Y LO MORTAL




"Didajé": "No rechaces al indigente, sino comparte lo que tienes con tus hermanos, sin decir que lo tuyo te pertenece; si se comparten los bienes inmortales, ¡Cuánto más hay que compartir los bienes mortales!".

En lo inmortal se participa de una misma Presencia, Espíritu y Verdad de Dios, de sus Aspectos y Principios, de la Mística, la Devoción, la Gracia Divina y de una misma "Enseñanza Espiritual". Esto es "comunión", inclusión. Si esto es así, por "Ley de Correspondencia" -"como es arriba es abajo, y como es abajo es arriba"-, igual ha de ser en el mundo de las formas: participar del mismo aire, del transitar por las calles y autopistas, de las mismas provisiones de los supermercados, de la electricidad, el agua, las redes telefónicas; nadie posee esto solo para sí mismo; todo es compartido. Este es un principio inclusivo universal; por eso es un absurdo el separatismo, la exclusión, ya que TODOS SOMOS UNO.

Pablo de Tarso explica esto de la siguiente manera en Corintios 12:12: "Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo".

A todos nos conviene hacer desaparecer el "mi" y "lo mío": "mi grupo", "mi religión", "mi cada", "mi auto", "mi comida",; esto es separatista, egocéntrico, egotista. Hay que cambiarlo por el "nosotros" o "lo nuestro": "nuestro grupo", "nuestra casa", "nuestro parque", "nuestro país", "nuestra comida". Hay que salir del "para mí" y vivir en el "para nosotros". Esto es incluyente, inegoísta, es comunión, es comulgar los unos con los otros.

Extracto del libro: "Didajé" de Rubén Cedeño

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