BIBLIA y DIOS

En el lenguaje bíblico, la palabra “Dios” no siempre quiere decir Dios en el sentido del Creador Universal; también puede significar el “Cristo Interno” o “Verdadero Ser”, el cual, por supuesto, es la “Presencia de Dios” en el punto en que cualquier ser humano se encuentra, ya que el “Verdadero Ser” es una individualización de Dios.
Al dar una especie de esquema general para vivir, la Biblia promete que, si en realidad ponemos a Dios en primer lugar, triunfaremos sobre nuestros enemigos: esos pensamientos negativos y condiciones adversas que entran a nuestras vidas. No es necesario que Dios sea lo único en nuestra vida, pero sí tiene que ser lo primero. Cuando un individuo o una nación pone primero a Dios y todo lo demás es secundario, entonces todo el cuerpo, toda la vida de esa persona o de esa nación es sana y próspera.
En la Biblia, el “nombre” de cualquier cosa denota su carácter o naturaleza. La naturaleza de Dios es el Bien Perfecto, Omnipresente, Todopoderoso, y el Amor Ilimitado; conocer esto representa ser puesto en lo alto, por encima de todas las dificultades; haber sido liberado de ellas y puesto en una condición de seguridad y felicidad. En el lenguaje bíblico, “conocer algo” no significa mera percepción intelectual, sino que entraña cierto grado de comprensión y concienciación. Así vemos que, cuando hemos logrado cierta apreciación real de la Totalidad de Dios, por medio de la oración, entonces, los problemas desaparecen
Hay algo que significa más que todo lo demás junto: nuestra búsqueda de Dios y de la comprensión de su naturaleza.
Texto extraído del libro: "Dios y el Yo Soy" de Emmet Fox (Spanish Edition), Editorial Señora Porteña