ARREPENTIMIENTO Y HUMILDAD

“DIOS MÍO, TÚ NO QUIERES SACRIFICIOS. EL HOLOCAUSTO QUE TE OFREZCO ES MI ARREPENTIMIENTO Y MI CORAZÓN HUMILDE POR LO QUE HE HECHO, Y SÉ QUE NO ME LO DESPRECIARÁS”.
La pauta para seguir una vocación espiritual de forma inequívoca es llevar una vida de humildad, negando siempre el “yo personal”, considerándose nada, menos que nada, algo así como una cucaracha. Los cursos de autoayuda podrán decir que esto es complejo de inferioridad, falta de autoestima; que digan lo quieran, pero el camino de encuentro con el Alma y de fusión con Dios es el de la negación del "yo inferior”, no hay otro. La lectura y práctica de manuales como “Imitación de Cristo”, de Kempis, ayuda mucho en este propósito.

Hay quien le ofrece sacrificios a Dios; en la antigüedad se hacían holocaustos. Lo que recomienda el Salmo 51 es arrepentimiento y humildad. Se puede afirmar:
YO ME ARREPIENTO, HUMILDEMENTE
Y DE TODO CORAZÓN, DE TODOS MIS ERRORES
Y LOS BORRO AHORA CON LA LEY DEL PERDÓN.
Texto extraído del libro "Biblia" de Rubén Cedeño publicado por Editorial Señora Porteña