PADRE ETERNO DE LA ALPUJARRA

Rubén Cedeño Granada 12.10.2016

Aprovechando el asueto del 12 de Octubre, que en España es no laborable y no teniendo conferencias, entusiasmé a un matrimonio maño de mi más caro afecto, a que nos diéramos una vuelta por las hermosas serranías de la Alpujarra, donde hacía 25 años no había vuelto.

Me motivaba visitar estos parajes entre Granada y Almería, entre otras cosas, para volver al consabido refugio de consagrados Tibetanistas en “O Sel ling”, este lugar fue fundado por el propio Dalai Lama. Ya hacía años, asociado a este entorno se encontró aquí un tulku (o reencarnación de un gran lama llamado Yese), que supuestamente nació en España, en el niño llamado Osel, cuyo nombre tiene relación con la denominación del lugar.

A pesar de las amenazas de lluvia, las montañas nos ofrecían una hermosa y fresca mañana digna de andar por estos lares. Amén del otoño, todavía las cumbres de las montañas, los valles y barrancos estaban envueltos en el lozano verdor de sus hierbas, manzanos, castaños y almendros, en una primavera más que tardía, que se negaba a dar paso a un inminente invierno.

El ascenso a “O Sel ling” siempre es gratificante, el sentir la pureza del aire fresco, el dominio inigualable de las alturas que las montañas ofrecen, sentirse desconectado de lo cotidiano y alimentarse de la vivificadora sabia de lo natural. Era todo un deleite.