RÉQUIEM

El “Réquiem” comienza diciendo:
“Requiem aeternam dona eis, Domine, et Lux perpetua luceat eis”. “Dame Señor el descanso eterno, y que brille para mi persona la Luz Eterna”.
“Requiem aeternan” no es una frase en la lápida de una tumba; es el decreto con que comienza la Misa de Réquiem, que es un conjunto de invocaciones para liberarse del horroroso regreso de todos los terribles males que se devuelven por Principio de Causa y Efecto, cuando se va en contra de los Siete Aspectos de Dios y las Siete Leyes Divinas, para descansar en paz, del plano de la lucha de la vida, en la Luz de Dios que nunca falla.

Catedral de Córdoba, España

MUERTE No existe la muerte, sino la transformación de una condición de vida en otra. Dice el Credo: “CREO EN LA VIDA ETERNA”. En Metafísica no se usa la palabra “morir”, sino “desencarnar”. La gente nunca muere, lo que hace es desencarnar, perder la carne, y seguir viva en el espíritu, en otro plano o dimensión de vida. Nunca se muere, en el aparente final de la vida terrena, sino que se espera la resurrección en la vida eterna.
DESCANSO Cuando se entra en Conciencia Espiritual, se comienza a vivir internamente tranquilo, en descanso interno, en RÉQUIEM. Esta es la realización del decreto: “YO SOY EL DESCANSO ETERNO. YO NO ESTOY EN EL PLANO DE LA LUCHA”. “Réquiem” es no seguir en el plano de la lucha por el sustento, por escalar posiciones, adquirir renombre, títulos, reputación, cuidar lo que se tiene y muchas cosas más.
“Requiem”, en latín, es el acusativo de la palabra “requies”, que quiere decir “descanso”. Hay que relajarse, dejar de luchar, para no morir de angustia.
“Et Lux perpetua luceat eis” no es solamente una frase para un difunto en un velorio, sino para todos los vivos, porque quiere decir: “Brille la Luz Eterna de Dios”, que es la Luz de los Siete Aspectos de Dios, los Siete Rayos, todo lo que hace falta para vivir bien y cómodamente.
Visualiza, en el corazón, una Luz, que es la única realidad, lo único que quedará más allá de los afanes de esta vida física. Despréndete de todo lo que significa lucha: conseguir y cuidar el dinero, un nombre, la importancia que este tenga y los títulos. Nada de eso es propio. Todo es de Dios, que lo presta y permite usarlo por un tiempo, pero hay que devolvérselo. Pon tu atención en la “Luz Perpetua”, que no es una oración de difuntos ni la luz de una lámpara fantasmal de desencarnados en los cementerios; es la “Luz Eterna”, viva y cementerios; es la “Luz Eterna”, viva y resplandeciente, de Dios en el corazón, que se conoce como “Lux Perpetua”.
Extracto del libro "METAFÍSICA de la MISA" de Rubén Cedeño, Editorial Señora Porteña
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