NO TEMAS A LA OBSCURIDAD

No se debe temer a la obscuridad, porque, al hacerlo, se le da poder, y, entonces, esta se apodera de las personas. Somos nosotros, con nuestra mente y el poder de la palabra, los que alimentamos las situaciones, sean buenas o malas. A veces existen adversidades a las que llamamos “siniestras”, pero estas solamente pueden atacar si la persona se llena de temor. Solo así pueden destruir. Mientras haya amor, es imposible que una energía negativa invada. Lo contrario del temor es la fe y el amor. La única forma de no permitir que el mal penetre es enviándole amor. La manera más fácil de enviarle amor a cualquier persona, situación y hasta a un monstruo es diciéndole: “TE ENVUELVO EN MI CÍRCULO DE AMOR” e imaginarse que del corazón salen rayos magnéticos de color rosa que envuelven a la otra persona. Jesús decía una afirmación que podemos repetir y poner en práctica para nuestra protección: "EL MAL DE ESTE MUNDO VIENE A MI Y NO TIENE NADA EN QUE ASIRSE”. No se puede magnificar el mal, el odio, la envidia o la maldad. Magnificar es engrandecer las cosas con los comentarios, la. mente y las emociones. Solo se deben magnificar los aspectos hermosos, nobles y armónicos que tiene la vida, y cada cosa que existe. Y aunque creamos que algo no posee nada bueno lupa. No veamos cuánta agua le falta al vaso sino cuánta agua tiene.

Texto extraído del libro "PERFIL DE LA METAFÍSICA" de Rubén Cedeño publicado por Editorial Señora Porteña
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