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DESEA LA ENSEÑANZA COMO UN AHOGADO EL AIRE

Un discípulo quería recibir la Enseñanza Espiritual de un maestro, y le preguntó a este "¿Qué debe hacer para recibir la Instrucción Espiritual de usted?". El maestro no le contestó. Durante el transcurso de varios días, el discípulo lo siguió a todos lados y le volvió a realizar reiterativamente la misma pregunta, pero el maestro seguía sin contestarle.
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Un día, el maestro tomó el discípulo, lo llevó a la orilla del río, lo introdujo en el agua y, a cierta profundidad, lo agarró por los dos hombros, lo sumergió dentro de la corriente y lo mantuvo así hasta que el estudiante empezó a patalear porque se estaba ahogando. Después de dejarlo salir, el Maestro comenzó a hacerle estas preguntas: "Cuando te tenía bajo el agua. ¿deseabas comer?", y el discípulo contestó: "¡No!", "¿Deseabas dinero?". "¡No!". "¿Qué era lo que más deseabas?". "Aire", le contestó el discípulo, desesperado. Entonces, el maestro aseveró: "¡Así como deseas el aire cuando te estás ahogando, y no quieres otra cosa, así tienes que ansiar la Enseñanza para poder recibirla!".
Si una persona no seas y no le demanda al maestro o facilitador la Enseñanza Espiritual, de forma contundente, como un ahogado desea el aire; como un hambriento, la comida; como un avaro, la fortuna; como un borracho, el aguardiente, no merece recibir la Instrucción y no la va a recibir nunca. Por la Enseñanza no se cobra, pero esta tiene un precio, y muy alto, que es desearla y demandarla vehementemente. Si no es así, no se la recibirá, y el que la tiene, no la dará.
Fragmento extraído del libro "TERCERA INICIACIÓN" de Rubén Cedeño publicado por Editorial Metafísica (Señora Porteña)



 
 
 

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