ACTO PENITENCIAL

El “Acto Penitencial” es el “Yo pecador”, “Confiteor”, “Mea culpa” o “Kyrie Eleison”, la primera oración de la Misa. Es importantísimo porque, hecho a consciencia, ofrece la oportunidad de transmutar todos los errores cometidos por el participante ya que, además de una oración, es un acto de conciencia, de reconociendo de todos los errores cometidos.
Es tan poderoso el acto penitencial que, realizado a plena conciencia por la feligresía, sin autolástima, comienza a crear una especie de bosque de agujas góticas lumínicas que apuntan hacia el cielo, como el que se observa caminando por la techumbre del Duomo de Milán, y en el centro se puede proyectar una aguja más grande y luminosa, como la que sostiene en su cumbre a la Madonnina.

Por “Principio de Causa y Efecto”, que es una de las Siete Leyes Divinas, todo daño se le devuelve al que lo hace. En los cursos de “desarrollo personal” o “autoayuda” instan a liberarse de la culpa olímpicamente. ¿Y si se tiene la culpa? Hay que aceptarla, para poder disolverla, y eso lo hace el perdón. Solo concienciando y arrepintiéndose del error funciona la Ley del Perdón.
El Acto Penitencial consiste en hacerse responsable por cada pensamiento, sentimiento, palabra y acto negativo y de omisión, para que Dios lo perdone.
Extraído del libro "METAFÍSICA de la MISA" de Rubén Cedeño, Editorial Señora Porteña