ZEN

“Zen” quiere decir “meditación”, y es el nombre que se le da a la práctica del Buddhadharma en Japón. Tiene su origen en el “Chan” de la China, unido al Taoísmo y basado en “La Gran Calma y Contemplación”. El Zen nace con la vivencia del Señor Gautama hace dos mil quinientos años, cuando sentado en la postura de zazen, hizo realidad el despertar mediante el Vipássana, que en sí contiene la esencia de su enseñanza y surge de las vivencias sin registro del pasado.


El Zen es la liberación y despertar del Buddha, la suprema sabiduría y verdadera libertad hechas realidad a través de uno. El Zen fue expandido por el monje hindú Bodhidharma. Persigue ver el mundo tal como es, con una mente cristalina no contaminada por el pasado, libre de conceptos y sin apegos, donde los pensamientos se suceden sin dejar ningún rastro. El Zen abandona teorías y sistemas de práctica espiritual, y permite descubrir la verdad por percepción directa. En el Zen se responden todas las preguntas filosóficas o religiosas por medio de palabras o acciones no simbólicas, a veces contradictorias, o con preguntas. En el Zen, la respuesta es la acción tal como es, y no lo que representa. Los estudiantes Zen se sientan a meditar observando, sin realizar comentarios, ocurra lo que ocurra.


El Zen se basa principalmente en el estudio del “El Sutra del Corazón”, “El Sutra de Diamante” y “El Sutra de la Perfecta Iluminación”, que se hace con carácter reflexivo e intuitivo, asunto que conduce al Samadhi y al Nirvana, centrado en la meditación, centrado en la meditación, para descubrir su propia naturaleza. Los sutras no son considerados como una vía para el despertar por sí mismo, sino la observación y contacto con el presente. En el Zen se considera que todo el mundo tiene el principio de la budeidad en sí, y esto nos permite a todos alcanzar un nivel espiritual tan alto como el de un monje o el mismo Buddha Gautama. (...)


Extraído del Libro “JAPÓN”, de Rubén Cedeño.