“PIENSO Y HABLO POSITIVO”

Pienso en el Bien y,

por eso, hablo bondadosamente.

Pienso en la Inteligencia y,

por eso, hablo con Sabiduría.

Pienso en el Amor y,

por eso, hablo con cariño.

Pienso en la Armonía y,

por eso, hablo armoniosamente.

Pienso en la Salud y.

por eso, hablo sanando.

Pienso en la Paz y,

por eso, hablo pacificando.

Pienso en el Amor Compasivo y,

por eso, hablo perdonando.

1. Cuando estén hablando mal de alguien, de una cosa o asunto, si puedes, cambia la conversación o apártate de allí, y no respondas ni apoyes el comentario. Recuerda que el “Cristo Interno” de la persona de la que hablan mal es perfecto, y solo su personalidad tiene apariencias. Dile mentalmente al individuo del que hablan mal: “Bendigo tu Cristo Interior puro y perfecto”. De esa manera, te desconectas de la crítica hacia ese ser.

2. Recomienda el Maestro Koot Hoomi: “Nunca hables mal de nadie, y rehúsa escuchar a quien se expresa mal de otro, haciéndole observar con dulzura: ‘Quizás no sea verdad, y si lo fuese, es más caritativo no hablar de ello’”.

3. No todas las llamadas “malas palabras” son insultos y dañan; en muchos países se dicen por desahogo y hasta por gracia, y no tienen nada de malo. Pero hay personas que hacen daño y hieren con el verbo, a veces sin decir “malas palabras”; esto es insultar; lanzan vibraciones negativas en forma de centellas obscuras, tan feas que no son un grado de crueldad. Ninguno de nosotros debe hacer esto por descuido, pues ahuyenta, inmediatamente, toda bendición y ayuda espiritual, y vienen, en su sustitución, una horda de magos negros.

4. Aclara el Maestro Koot Hoomi: “Existe una crueldad en el lenguaje, tanto como en la acción; y el hombre que dice una palabra con el intento de herir a otro es reo del mismo delito. Esto tampoco lo harás tú, pero, a veces, una palabra descuidada daña tanto como una maligna. Por lo tanto, debes estar en guardia contra la crueldad involuntaria. Esta deriva, frecuentemente, de una falta de reflexión”.


Extraído del Libro “PRIMERA INICIACIÓN”, de Rubén Cedeño.

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