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MIGAJITAS

(Prólogo)

Migajitas, porciones pequeñas de cualquier cosa, son pequeños momentos en situaciones que nos ocurren casi sin darnos cuenta, y que van haciendo como una especie de cordillera, dando unión a situaciones que son toda una cadena de hechos que pasan a ser nuestro presente.


Se ha dicho que toda cosa dulce tiene su lado salado, o al contrario, asimismo, todo lado negativo tiene su lado positivo. Sabias palabras. Hoy estoy dando vida a una de esas sabias verdades que he aprovechado para hacer estas pequeñas Migajitas que ahora dan su comienzo a una larga vida llena de ellas.


Contar para todos las manifestaciones de ayuda maestral. Recibir bajo el cielo abierto de una noche estrellada, el poder de los astros en nuestro auto. El Sentimiento de una madre cuando quiere ayudar a su hijo, que siente que debe hacerlo, pero no se sabe si sus palabras son las más adecuadas, si verdaderamente le darán asistencia.


Llegar a una Navidad donde el perdonar, dar, es lo más importante; como el reconocimiento a nuestros servidores, el compartir, y el ser uno con sus sentimientos y anhelos. Deponer totalmente condiciones físicas de enfermedades aparentes que se manifiestan en nuestro ser, invaden nuestro cuerpo para apartarnos de nuestros amigos y familiares, algo que no debemos permitir; nuestra fuerza asimilada de Dios debe imponerse ante fuerzas demoníacas.


Dejar obras y sabias enseñanzas para la humanidad. Nos referimos al Padre Machado, persona de gran valor en el desarrollo de una Venezuela unida al Santo Poder de Dios, para la cual vivió. Katiuska Cordido, nuestra maestra, que nos dejó algo más que palabras, en esa carrera que llamamos “de relevo”, cada uno en su tiempo y en su espacio, donde nuestra amada Conny Méndez ocupó gran parte de ese cambio total a la vida cotidiana.


Les dejo estas pequeñas Migajitas para que pasen con ellas un agradable tiempo, en un cuerpo físico puro, sencillo, lleno de verdad y amistad; de que si creemos, nos llegará aquello a lo que hayamos sido acreedores; y por experiencia, decirles que jamás la soberbia nos dará ningún triunfo; muy lejos de eso, nos hace perder o cambiar el rumbo de lo que hubiera podido ser un buen futuro para nosotros, que con nuestro libre albedrío lo cambiamos, no siempre para mejor. Aceptar los cambios, aunque no parezcan positivos; darle las gracias a los que nos los imponen. ¡Ahí está la puerta abierta hacia nuestra nueva vida! Trabajar siempre, dar todo el servicio que puedas, amar hasta las más pequeñas demostraciones de vida –ama hasta las piedras- y desear en Dios, que tú también seas inspirador en el dar y recibir.

Extraído del Libro “EN EL RINCÓN DEL VALLE”, de Nora Vásquez de Cedeño.

Editorial Señora Porteña.


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