IMPERMANENCIA

Este mundo está siempre amenazado por la muerte; las noches, que vienen y se van, no hacen otra cosa más que disminuir el tiempo de vida que queda por vivir. La muerte no espera a nadie, se está acercando a todas las criaturas momento a momento, su proximidad es imperceptible pero constante e inexorable.
Con el paso de cada día, la vida de una persona se va acortando y la desencarnación finalmente llega antes de que los deseos de la persona se hayan cumplido.
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Los humanos deben darse prisa en practicar la virtud mientras están con vida, pues la vida es muy incierta, solo la desencarnación es cierta; puede llegar ahora dentro de años, pero es importante estar preparado. La virtud te garantiza fama en este mundo y felicidad en el próximo.
En este mundo, los humanos son acosados por miles de deseos, y se apegan a muchas cosas y personas: su trabajo, su tierra, sus hijos, su casa. Con todo esto, tejen la telaraña del apego, en la cual están atrapados y de la que solo serán liberados por la desencarnación.
Nada puede resistirse a la fuerza del apego, excepto el Dharma.
El conocimiento del verdadero valor de las cosas hace que una persona se percate de lo transitorio de las cosas de este mundo; a una persona así, la desencarnación no le causa terror, porque el Dharma es inmortalidad.
Texto extraído del libro "Último Canto de Bhishma" de Rubén Cedeño


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