EUCARISTÍA

OFRENDAS Para recibir, hay que dar; el que no da, no recibe.
Si no hay donación, no hay religión, no hay Misa, no hay enseñanza espiritual.
Decía mi madre, Nora de Cedeño: Ni Dios ni los santos necesitan dinero, pero la Iglesia sí, para estar siempre abierta, gratuitamente, y para pagar hostias, vino, electricidad, agua, productos de limpieza, comida, vestimenta del sacerdote y muchas otras cosas. Así que, cuando se va a la iglesia, hay que dar un donativo, que se pone en el cepillo que tienen las imágenes de los santos a sus pies.

OFERTORIO El Ofertorio es la parte de la Misa en que la feligresía le ofrece a Dios sus donaciones para sostener la iglesia, el culto, la religión, y el sacerdote ofrece el pan y el vino para la Eucaristía. Esta es una parte muy importante.
La donación de la feligresía no debe ser una limosna, algunas moneditas de poca monta. ¡No! Con eso se hace muy poco. Debe ser algo significativo. Hay quien dice que la Iglesia tiene mucho dinero y que no hay que darle más, pero el dinero que se ofrece en donación a la Iglesia, uno lo da por uno mismo, para que nunca le falte; ese es el verdadero destino de las dádivas a Dios. El Espíritu Santo es quien controla la economía de la Iglesia y de los grupos espirituales, y ¡ay de aquel que mal utilice esa donación! Lo pagará terriblemente, con su propia ruina.
El papa San Eutiquiano, en el 275, le agregó a la Misa el Ofertorio y el hacer las ofrendas ante el altar para la bendición de las cosechas, algo que se realizaba en casi todas las religiones de la época romana, como ofrecerle a Dios manzanas, postres y cualquier cantidad de comida. Este es un acto que todavía practican religiones animistas de Bali, Tailandia e India. Cuando se va a participar de la Sagrada Eucaristía, siempre hay que ofrecer algo, porque “solo el que da recibe”. Si se recibe, pero no se da, la persona se convierte en delincuente espiritual.
Extracto del libro "METAFÍSICA de la MISA" de Rubén Cedeño, Editorial Señora Porteña