EL BECERRO DE ORO

Cuando Moisés bajó del monte Sinaí con las Tablas de la ley y vio al pueblo adorando al becerro de oro, partió en dos las Tablas, a causa de la rabia. Adorar el becerro de oro es adorar lo externo, lo banal, lo intrascendente, lo efímero, como la f¡esta, el celular de moda, la ropa de marca, la acción en el club, todo eso por lo que sufrimos cuando no lo tenemos. Es posible tener todo eso, no es malo, pero hay que adorarlo ni apegarse a ello para no sufrir al dejar de poseerlo. Se puede decretar: “SOLO ADMINISTRO LOS BIENES DE DIOS. NO POSEO NI ME APEGO A NADA”

No podemos rabiar como Moisés, porque después nos pasa como a Él, que, por "Causa y Efecto" no pudo entrar en la "Tierra Prometida".
Texto extraído del libro "Biblia" de Rubén Cedeño publicado por Editorial Señora Porteña

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