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CONTEMPLACIÓN

La Contemplación consiste, no en concentrarse, conocer, sentir o decretar lo que es el “Yo Soy”, sino en ser eso en lo que se medita; así desaparece el concentrado y el objeto de concentración, el meditador y lo meditado, el contemplador y lo contemplado. Es “SER ESE YO SOY” activamente, sin diferencias entre lo que se es y lo que se quiere ser. No es concentrarse, saber, sentir o decretar “Yo Soy Amor, Sabiduría o Voluntad”, sino ser cariñoso, ser sabio, tener fuerza y así sucesivamente con todas las cualidades de la “Totalidad de la Vida”.


El último paso en el proceso de Meditación es la Contemplación, cuando desaparece el “yo personal” que diferencia, separa, disocia, conceptúa, explica, da razones, hace destacar “lo mío”, “mi opinión”, el “para mí”, “lo que pienso”, “lo que me ilusiono que voy a hacer”, “lo que siento”, “lo que hago”, “lo que digo”. No se tiene que hacer nada para que el “yo personal” lleno de limitaciones, engaño, agresividad, envidia, pelea o rencor desaparezca. Si se lo intenta, se afianza, ya que con el pensamiento se refuerza; pero si es ignorado, si no se da atención, él solo desaparece.


En la Contemplación, como último paso de la Meditación, la personalidad se funde con el “Ser Interno”, se realiza la plenitud de la Presencia “Yo Soy”, el ser personal y el Yo Superior no son más entes separados sino uno solo.


En la Contemplación, el que medita, la meditación y lo meditado se hacen uno; no hay diferencia entre el que medita, aquello en lo que se medita y la meditación. El que medita en el Amor, la meditación en el Amor y el Amor se vuelven uno y se manifiestan como Amor activo, expresándose en el meditador como afecto, cariño con todos. Se transciende la persona, que se vuelve una con el objeto de meditación y con aquello en lo que se medita. El “yo personal” desaparece y se vuelve aquella condición en la que se medita.


Si se medita en la Pureza, uno se vuelve Pureza, si se medita en la Paz, uno es la Paz; si se medita en la Provisión, uno es una fuente ilimitada de riquezas.


Lo desconocido solo puede percibirse cuando desaparece aquel que observa con su separación, sus conflictos, acumulaciones, resabios y las programaciones que lleva por dentro.


EN CONTEMPLACIÓN


No se dice dirigir, se es la dirección.

No se dice saber, se es el acierto.

No se dice amar, se es el cariño.

No se dice armonizar, se es armonioso.

No se dice la verdad, se es real.

No se dice paz, se es pacífico.

No se dice perdonar, se es el perdón.

No se dice servir, se sirve.

No se conoce el Ser, se es el “Yo Soy”.


Extraído del Libro “ENCUENTRO CONSIGO MISMO O MEDITACIÓN”, de Rubén Cedeño.

Editorial Señora Porteña.



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