CATEDRAL DE CHARTRES - 1194

Chartres, agosto de 1980.
Catedral de la Sabiduría, del Segundo Rayo de la Inteligencia y la Iluminación, todo dentro de ella delata una simbología ancestral. El verdadero nombre de esta iglesia es “catedral de la Asunción de Nuestra Señora de Chartres”. Desde remotas épocas precristianas hubo aquí un templo dedicado a la Madre Divina en advocaciones druídicas y romanas, siendo este un importante lugar de peregrinación, debido a que se trata de un sitio magnético de energía cósmica femenina. Por eso, en el siglo IV, continuando la tradición a la que esta energía cósmica femenina induce, se construyó en Chartres una primera iglesia cristiana, bajo la advocación de la Madre María.

Durante el proceso de cristianización, en todos los lugares donde se adoraba la imagen de Isis, esta era sustituida por una imagen de la Madre María. Aquí sustituida por una imagen de la Madre María. Aquí vemos confirmado cómo el culto a la Madre María viene a sustituir, en algunos sitios, el antiguo culto a Isis y a otras Madres Divinas.
CAMPANARIOS DE CHARTRES Los dos campanarios de la fachada de la catedral de Chartres representan al sol y a la luna: Dios Padre y Madre. Simbólicamente, tienen cierto parecido con las torres paganas de la catedral de San Esteban, en Viena, donde una tiene una vulva, y la otra, un falo. Esto se interpreta por símbolos alusivos que se encuentran en su arquitectura y en las agujas, una coronada por el sol, y otra, por la luna.
LABERINTO DE CHARTRES En el piso de la nave central, frente al altar mayor de la catedral de Chartres, se encuentra dibujado, en piedras de diferentes tonos, un laberinto, sendero que representa la peregrinación simbólica que el amante de lo interno debe recorrer a pie o de rodillas hasta la roseta central, que simboliza el asumir la Conciencia Crística. Antiguamente, en el centro del laberinto había una imagen de Teseo, Ariadna y el Minotauro, alusión al misterio profano del Laberinto de Creta.
Extraído del libro "METAFÍSICA de la MISA" de Rubén Cedeño, Editorial Señora Porteña