VIRGEN DE LAS TRES MANOS

Bulgaria, agosto de 2009


La Cueva de Magura, en la Bulgaria noroccidental, a 17 kilómetros de la pintoresca ciudad de Belogradchik, es un lugar enriquecido por pinturas rupestres prehistóricas que datan de ocho siglos antes de Jesús (…) Además de todo esto, la cueva está adornada con estalactitas y estalagmitas. Es de tan maravillosa importancia histórica para la humanidad, que esta cueva está protegida por la UNESCO.


Debido a lo resbaladizo del piso de la cueva y a pesar de andar con las dos manos agarradas de los pasamanos, inevitablemente resbalé y, en la caída, se me dislocaron los huesos de la falange discal y la falange media del dedo medio de la mano izquierda, que quedó totalmente torcido y sin movimiento. (…) De repente, de la nada, surgió una mujer vestida totalmente vestida de blanco, quien me acercó la mano a uno de esos focos que ponen en ese tipo de cuevas, a la altura del piso. Suavemente, me fue tocando la mano, deteniéndose en sitios puntuales, mientras me preguntaba, en búlgaro, si me dolía en los puntos donde me oprimía. Me sobó la mano dulcemente y me dijo: “Usted no tiene nada. Vaya al hotel, repose y beba una copa de anís”.


(…) Finalmente, llegué al hospital, ubicado en una de las colinas de la ciudad de Belogradchik, muy básico por cierto. Allí, después de examinarme, tuvieron que mandar a buscar a su casa a la radióloga, quien se horrorizó al ver en la radiografía cómo los huesos de la falange apuntaban uno a un lado, y otro, al otro. Al igual que la radióloga, tuvieron que mandar a llamar a l médico, quien se demoró casi una hora y media en venir.