Lady Nada era una princesa y tenía tres hermanas bellas, talentosas, altas y llamativas. En cambio, Ella eran pequeña, silenciosa y retraída. El Gurú de Lady Nada fue la Arcangelina Caridad. Entre los múltiples entrenamientos que la Arcangelina Caridad le dio a Lady Nada, uno fue este: que diariamente se acercara a la cama donde dormían sus hermanas y les enviarán amor, sosteniéndoles el “Concepto Inmaculado de Perfección” de los dones artísticos que presumían, como el de componer música y poesía, para que así brillaran más con sus talentos. Además, Lady Nada debía hacer esto con una condición: ninguna de ella ni nadie debería saber jamás que alguien las alimentaba espiritualmente para que brillaran más con sus capacidades. Tenía que hacer esto a sabiendas de que, con estos talentos que sus hermanas tenían, Ella cada vez iba a ser aparentemente menos, como un “cero a la izquierda” o la “oveja negra” de la familia.

 

¿Qué tal si comenzamos a hacerle algún bien a alguien sin que nunca se sepa esto de nosotros? ¿O que,  después de darle un beneficio a alguna persona,  jamás digamos que fuimos nosotros los que enseñamos, sanamos, prodigamos o suministramos económicamente a ese ser?

 

Este es el porqué del nombre de Lady Nada, que significa “Nada”, ser “Nada”. Por más que seas, eres “Nada”, y por más que hagas, no haces “Nada”. Este nombre es una referencia al “Gran, Gran, Gran Silencio”, el Sûnyatâ. San Juan de la Cruz decía que se asciende al “Monte Carmelo”, que simboliza realizar el “Yo Soy”, siendo NADA, NADA, NADA.

 

Extracto del Libro “Principios Metafísicos”, de Rubén Cedeño.  

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