El matiz de la dulce miel de los dátiles vuelto luz, bañaba las dunas en el atardece fresco y noble del “Desierto de Al-lāh”, en las arenas de Arabia. Caminaba feliz plácidamente de la cresta de una duna a la otra mirando el sol yaciente, marcándome la dirección poniente donde a pocas horas, arenas adentro, se encuentra la Meca, cuna del Islam. Manadas de camellos salvajes corrían libres de un lugar a otro, pero desaparecieron.

 

El Islam, la rendición a Dios, nació en el desierto. Una energía noble, suave, sonriente, auspiciosas, envolvían todo. Me arrobaba el corazón, los melismas de la oración del atardecer que llegaba desde el minarete de alguna mezquita, aunque lejana, pero que el viento traía a mis sentidos, sensibles y acuciosos sus dulces melodías. No era cualquier atardecer ni cualquier sitio. Al-lāh con su derroche de fortuna, belleza y bendiciones de su Paraíso, es para todos; pero: ¿Por qué tan pocas personas la disfrutan o no disponen de ella? Porque ante la Presencia de Al-lāh, no se puede llegar con falta de Bondad, Sabiduría, Amor, Sensibilidad, Armonía, Verdad, Devoción, Rendición, Clemencia ni Misericordia, que son los principales Aspectos de su Ser. Hay que purificarse primero en el “Desierto de Al-Lāh”, en soledad, meditación y oración.

 

Los siete Emiratos Árabes Unidos: Abu Dabi, Ajmán, Dubái, Fuyaira, Ras al-Jaima, Sarja y Umm al-Qaywayn con todo su esplendor, sus rascacielos, centros comerciales, riquezas, bellezas y palacios se encuentran todas rodeadas de arena, de un desierto que en segundos se los puede tragar y dejarlos hundidos como tantas veces ha sucedido en la historia de ciudades en los desiertos. Pero la fe, las oraciones cinco veces al día, las mezquitas que engalanan las ciudades, una cada kilómetro, funcionan y ejercen su poder. Definitivamente Al-lāh es Grande, realmente los oye, los cuida, los protege y prospera.

La Meca, el destino, objetivo y propósito de la vida está en el Desierto, y allí se encuentra la casa de Dios, el hogar de Abraham a donde cada día millones de emiraties dirige su frente, cabeza, rostro, cuerpo, pensar, sentir y orar. Hay que ir al desierto donde ninguna distracción entretiene y poder ver hacia adentro.

— en DUBAI.

 

 

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