El Señor Gautama le habló a su discípulo Ánanda en representación de toda la Orden, diciéndole: "...Ánanda, ya estoy viejo, me pesan los años, están llegando a su final mis días; voy a cumplir ochenta años; y así como un carro viejo rueda con dificultades, así mi cuerpo sólo se sostiene con muchísimo cuidado. Únicamente se encuentra bien  mi cuerpo cuando me sumerjo en fervorosa meditación abstraído del mundo material. Por eso, Ánanda, SEAN LÁMPARAS PARA USTEDES  MISMOS. Apóyense en ustedes  mismos y no en ningún sostén externo. Manténganse firmes en la LUZ DE SUS PROPIAS LÁMPARAS. Busquen la liberación en la Verdad, y no pidan auxilio a nadie más que a ustedes mismos. Ánanda, ¿cómo puede un hermano ser lámpara para sí mismo, si no se apoya en sí, y se apoya en algo externo?

 

"Así, pues, Ánanda, ya que moramos en el cuerpo, procura vencer los deseos que provienen de él. Pues mientras se está expuesto a las sensaciones, hay que diluirlas. En este mundo, el dolor proviene de las sensaciones. Así también, cuando pienses y razones, considera tus pensamientos de tal modo que puedan eliminar el sufrimiento de este mundo, que es producido por los pensamientos. Quienes ahora o después de mi muerte SEAN LÁMPARAS PARA SÍ MISMOS y busquen la liberación en la Verdad, sin pedir auxilio externo, alcanzarán la Iluminación.

 

 

 

 

 

Extra{ído del libro Enseñanzas del Señor Gautama de Gautama Buddha

Versión simplificada de Rubén Cedeño

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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