Caminando por Bourbon Street, en New Orleans; en los casinos de las Vegas; por Ocean Drive, Miami; o la calle de Hortaleza, en Madrid, se oye música, hay gente rebosante de alegría, cuerpos de hombres musculosos y mujeres exuberantes, y veo a Dios como la “Totalidad de la Vida” en cada rostro humano, en los que bailan, en los que hacen “striptease” sobre las barras  de los bares, en los niños que pasan comiendo golosinas, en las personas abrazadas a sus parejas y en los músicos que tocan. En todos está Dios como la “Totalidad de la Vida”, y cada cual tiene derecho a saber que vive dentro de Dios, que en Él tiene su Ser y, a su vez, que Dios está dentro de él.

 

No sé por qué, en algunos sitios que se dicen “espirituales”, restringen el acceso al pueblo, se les niega a los homosexuales el derecho al Cielo, se le quita el saludo a alguien, se dice que determinada persona tiene el “alma perdida” o que es como “un muerto caminando entre los vivos”. Los que dicen y hacen estas crueldades, muchas veces se creen en las más encumbradas escuelas llamadas “espirituales”. Todo el mundo tiene acceso a Dios como la “Totalidad de la Vida”, pues Él está en todos y es de todos.

 

 

 

Extracto del Libro: “TODO” de Rubén Cedeño.

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