RETIRO DEL GANGES


En el aeropuerto de New Delhi, faltando minutos para salir a Varanasi, recibí un correo por el iphone, donde me daban sólo el nombre del lugar hacia donde me debía dirigir al llegar a destino, sin dirección ni seña alguna. Varanasi me abrió sus puertas de nuevo. Volvía a mi hogar. El automóvil, que me llevaba a la ciudad llegó hasta cierto punto, el mismo lugar donde hacía 36 años me había dejado una bici-taxi, la primera vez que vine aquí. Es que de ese lugar en adelante es imposible circular en vehículos automotores. Así como hace años, el ensordecedor rin-rin de la bicicletas y los bocinazos continuos de las motos y toc-toc, me aturdían, pero no los rechazaba. Recuerdo que en aquel entonces, no se si por un sexto sentido o memoria pretérita, me orienté perfectamente, sin mapa ni nadie que me dijera algo.

A algunas largas cuadras de allí estaba el Ghat de Dashashwamedh, a orillas del Río Ganges, donde una vez, exhausto me refugié, después de pasar horas en los crematorios, donde ví decenas de cadáveres incinerándose y morí con todos ellos. Perdida la memoria, estaba en shock psíquico-espiritual y casi a la media noche, para reponer fuerzas y entrar en uso de razón, me tiré a descansar en las escaleras de un insignificante templo donde estaba una arruinada imagen de Maa Ganga o la Madre Ganges. Me había decidido a quedarme en India a vivir para siempre y sentí en el centro de mi mente: “Vuelve a América” y esto se lo atribuí a la Madre. Si acaso desde mil novecientos ochenta, he hecho algo de valor, en occidente se lo debo en parte a esta intervención de Maa Ganga.

Esta vez me volví a orientar como si fuera un nativo, abriéndome paso por el enjambre de calles todas iguales, repletas de hindúes, vacas, excremento, además a oscuras, ya que la noche se había precipitado sin darme cuenta. Adelante un hombre casi corría con mi maleta al hombro y atrás mi persona persiguiéndolo, cuidando de no perderlo entre tanta gente y zigzags del accidentado trayecto. A pesar de saber donde estaba, me era imposible descifrar hacia donde me llevaban. De repente el hombre con mi maleta desapareció en una callejuela más oscura que las demás. Sin percibirlo se había me