CORAZÓN DE LA INDIA

 

Rubén Cedeño
India Nov 7. 2016
Libro: "Sanatana Dharma"


Desde siempre supe de la existencia del lugar y el sitio me llamaba poderosamente a vivir dentro de sí. El momento no llegaba, este paso lo tenía que dar solo, las últimas veces en India impartía clases a grupos numerosos, asunto que me impedía penetrar en este sitio. Esperé paciente y el momento llegó. 

 

Para alcanzar el Retiro del “Corazón de la India” desde el aeropuerto más cercano, se transita una hora por carretera hasta llegar a un apacible puerto lacustre, que de repente aparece ante los ojos de uno. Allí todo cambia, tanto externa como internamente, pareciera que todo se vuelve más sosegado, automáticamente hay una desconexión con el plano de la lucha terrena y súbitamente pareciera que se va a entrar en otra dimensión.

 

Hay un puerto exclusivo para las personas que van al retiro, un palacio que se destaca en medio del sereno azul de las aguas de un lago sin olas, donde la construcción se asemeja a una aparición celestial flotante, totalmente en blanco, al estilo clásico mogol, ocupando toda una isla en medio de la inmensidad, una sutil combinación entre algo del Taj Mahal por fuera y algunos visos de la Alhambra en su interior.

 

Este palacio cautiva tan solo al mirarlo. A aquellos huéspedes del retiro, las estrictas medidas de seguridad no les permiten que tengan acceso a él, pero en hermosos botes pueden bordear a cierta distancia la isla para contemplar su belleza.

 

Después de un exhaustivo chequeo, una embarcación especial traslada a los huéspedes hasta el pequeño puerto cercano a la entrada principal del Palacio. Al llegar por primera vez, un miembro del personal recibe con un quitasol, al que arriba, todo similar al estilo como cubrían a los antiguos marajás de la India. De lo alto hacia el atrio del palacio, precipitan sobre la cabeza del recién llegado una lluvia de pétalos de rosas en señal de bienvenida. A muchos se le humedecen los ojos o lloran de emoción, porque nunca en su vida han recibido semejante recibimiento en lugar alguno. Es un sitio especial. 

 

Al pasar la entrada principal, debajo de un dintel flanqueado por dos cabezas de elefantes, una hermosa dama vestida al estilo oriental recibe a la persona con una bandeja dorada contentiva de muestras de los cuatro elementos: agua, fuego, aire y tierra. Con mucha delicadeza le marca la frente con el sagrado “Bindu”, propio del hinduismo, recordando la visión interna del “Tercer Ojo”.

 

No hay nada de qué preocuparse, el personal del retiro se ocupa de todo, del registro y bártulos del recién llegado. Mientras tanto un joven de impecable presencia, vestido a la usanza del lugar, invita a un recorrido para explicar las dependencia, todo dicho en un idioma claro y refinado, fácil de entender para cualquiera.

Lo primero que se le muestra al recién llegado son los jardines. Estos se suceden uno detrás del otro, separando pasillos, salas y habitaciones con fuentes, espejos de agua y muchas flores, tanto plantadas en tierra como flotando en recipientes de agua, Hay pétalos de flores formando figuras por doquier, sobre todo en superficies planas de mármol y en casi todas las escaleras. En uno de los jardines más grandes, en la parte central hay un delicado templete de mármol blanco cobijando las estatuas del Lord Shiva, su inseparable toro Nandi y Lord Ganesh su poderoso hijo. Detrás de ellos se escucha el trepidar fuerte, pero no ensordecedor, del torrente de una nutrida cascada que abre un delicioso bosquecillo interno.

 

La mayoría de la construcción es absolutamente en blanco y casi toda en mármol, formando soportales en sucesión de arcos de herradura lobulados y acanalados, que dan entrada a las diferentes habitaciones. Se ven coronando algunos de los techos, con cúpulas en forma de vulvas al estilo islámico. En determinadas paredes se observan incrustadas estatuas antiguas de personajes míticos de la Vedanta. Expresos muros ostentan hermosas y finas celosías, reminiscencias de tiempos mogoles. Otras paredes ofrecen mosaicos con marqueterías en piedras semipreciosas, espejos, cristales y demás recursos ornamentales. Aquí y allá invaden exquisitos y diversos olores, sándalo, jazmín o magnolia. Indudablemente allí se está en otro mundo, lleno de encanto, como salido de los reinos aludidos en el Mahabaratha o el Ramayana, que son las más gloriosas epopeyas hindúes. Estando allí, solo sale una expresión ante todo lo que se ve y se va descubriendo: ¡Que Belleza!

 

Finalmente, después que se le ha dado al huésped una idea bastante general del lugar, es llevado a la habitación. Las puertas de los aposentos son gruesas y pesadas con más de dos siglos y medio de antigüedad, que unidas a espesas paredes, produce en el interior un silencio ensordecedor. Esto de inmediato invita a la introspección, el encuentro con el “sí mismo”, la reflexión de lo último sucedido en el acontecer de cada quien, como hechos importantes anteriores, para irse perdiendo en un pasado que siempre hay que revisar en retrospección, para poder seguir adelante con la enmienda de errores cometidos y lo certero de un futuro sin deudas pretéritas. Esto permite que afloren planes noveles para tiempos venideros, se aclare la mente, se distiendan las tensiones y así se sabe a qué se vino a este sitio. Las habitaciones están dotadas de mesa con disposiciones para conexiones mediáticas con tecnología de punta. Los baños están revestidos del más hermoso mármol blanco y ostentan bañeras antiguas al estilo María Antonieta, además de estar decorados con celosías, doseles, muebles de estilo y tantas cosas más, imposible de enumerar. 

 

Todo el día, un flautista “a capella”, en una de las terrazas entona su flauta, cuyo penetrante sonido se extiende por todo el Palacio llenando el ambiente de un toque mágico envolvente, recordando a Krishna con su instrumento de viento, encantando pastoras por los bosques de Vridavan. Cada tarde a la seis, en uno de los tantos patios del Palacio, se reúnen músicos y bailarinas que entretienen por un rato a los residentes haciendo escuchar el folklore nativo. 

 

Existe para los orientales un restaurante especial con las degustaciones más exquisitas e igualmente otro sitio de restauro para europeos y americanos. La atención del personal es más que exquisita, todos los requerimientos de los comensales es satisfecho al instante, sin ningún tipo de reparo ni excusas, donde el “no”, ¡no existe! ni en cuanto a preparados, dietas y cualquier tipo de solicitudes culinarias. Por donde se mire, en cualquier lugar, siempre aparece alguien dando el saludo del “Namaskar”, con las manos en “namaskarmudra”, reconociendo el “Ser Interior” de cada quien y sonriendo, no hay quien no sonría y si alguno de ellos está sentado se pone de pie para saludar. Todos están dispuestos a satisfacer las más mínimas necesidades de los residentes y si no, ellos las inventan, bien sea ofreciendo agua fresca o cualquier tipo de bebida oportuna, que nadie se niega a recibir. Precisamente en este momento escribiendo este artículo, en uno de los ensoñadores lugares del retiro, apareció un joven y me ofreció un delicioso café con pinchos de frutas frescas. Eso no se paga y no se dan propinas, están prohibidas. 

 

Los residentes del retiro son en su totalidad adultos, no están prohibidos los niños, pero no hay ninguno. Casi todos los que aquí vienen es por pocos días, no más de tres o cuatro. Sin excepción, son gente de gran nobleza, nadie ostenta joyas, marcas, ni nada por el estilo, pero se destaca sin pretensiones el exquisito buen vestir, el correcto uso del color, el uso de delicadas texturas y atuendos, además de la forma delicada de tratar y de dirigirse a los demás. No hay duda que son todas personas con mucha, pero muchísima clase y cultura, no la del nuevo rico ni la del recién vestido, eso aquí no existe. El transcurrir del día es afable y tranquilo, de tonos de voz suave, dignos de un lugar, donde se viene a renovar fuerzas físicas y espirituales, sin necesidad de que exista una orientación religiosa en específico.

 

El atardecer aquí no es común. A lo lejos, desde las costas de las postrimerías del lago, a la hora de la oración islámica, se escuchan por viejos parlantes roncos y malsonantes, la voz solitaria de algún muecín llamando a la plegaria o cierto prabu de determinado templo hinduista que ofrece sus pujas a alguno de los “Seres Divinos” de su fe. Todo el derredor del lago está sembrado de hermosos templos a Lord Shiva en sus diferentes advocaciones, según su avatar. Krishna como aspecto de Vishnu se hace sentir en el lugar, se añora su olor y sabor a tulsi o albahaca, parece que se escuchara en el ambiente algo parecido a las armonías de Bizet en “Le pecheurs de Perles” y se despierta el Amor. Krishna amó mucho y también expresó Sabiduría, tanto así, que su Bagavad Guita esta entre los escritos más sabios del mundo, ubicándolo como un “Ser” de “Amor-Sabiduría”.

 

El sol del ocaso aquí es distinto a otros sitios, tiene un luminar sagrado, místico, naranja intenso, que hace añorar un algo, que tal vez no se sabe qué es, pero se hace sentir muy profundo. El dorar es mágico, tiñe de oro los múltiples muros, torres y almenas de palacios que se divisan a lo lejos del retiro, más allá de las costas del lago.
Las noches son únicas, silenciosas y profundas, con millardos de estrellas que se multiplican al reflejarse en el ya extinto azul del lago convertido en negro, ahora tachonado del reflejo de las luces celestiales, y el reflejo de las iluminaciones de Palacios y Templos que hace multiplicar los resplandores nocturnos “ad infinitum”. 

 

El momento de la partida nadie lo quiere referir, sin lugar a dudas, es que todos se retirarán con el máximo de sus reservas energéticas cargadas, ese es uno de los propósitos del lugar. Creo que queda en la mente de todos, el propósito de ver, si es posible vivir en el mundo del acontecer diario, con la nobleza de trato, cultura, buenos modales, armonía, delicadeza y reflexión con que en el “Retiro del Corazón de la India” se vive. Al menos mi persona se queda con ese propósito y me llevo de aquí el haber utilizado la bendición del lugar en la corrección para su próxima edición de dos libros muy hinduistas: “Gautama” y “Sanatana Dharma”. De seguro, que en todo los que parten en su memoria subsistirá, el más noble recuerdo de haber estado en uno de los lugares más bellos de la tierra, el “Corazón de la India”.

 

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