SIBELIUS


SIBELIUS Rubén Cedeño Helsinki 26.10.2016 Libro: "Música Metafísica"

¿Qué haces en Finlandia tan lejos, allí hace mucho frio? Si, es verdad. Mi madre, Mamá Norita, me reiteró varias veces dos sitios de encuentro ente ella y mi persona en la tierra: el Buddha de Jade de Thailandia en el Wat Phra del Palacio Real de Thailandia y el Monumento a Sibelius de Helsinki en Finlandia. Norita conocía y adoraba estos sitios y cada vez que llegaban mis vacaciones me decía mencionándolos inquisitivamente: “Negrito tienes que ir”.

Quién iba a decir, con quién se topó mi mamá caminando por la calle: una morenita de baja estatura, más despeinada que peinada y medio vestida como hippie, una apariencia más de loca que de cuerda, y que por dentro, fuera tan profunda de sugerencias y gustos tan refinados. Pijos, paquetes, fresas, como diría cualquier venezolano ¡tan sifrina!…. Pues para mi esos sitios de encuentro con Norita son sagrados, muy especiales, los visité estando ella en vida y ahora que está viva en otra dimensión, llego a ellos y la veo.

No se cómo entró Sibelius a casa, solo recuerdo a mi hermano Eduardo, quién ahora es un famoso director de orquesta estadounidense. Cuando éramos adolescentes, nos poníamos a escuchar emocionados las sinfonías de Sibelius. Observábamos cómo en algunos pasajes intervenían los contrabajos sosteniendo las armonía del monumento sonoro de muchos de sus impresionantes pasajes orquestales. Para mi deleite Eduardo me tocaba con su violín el comienzo del Concierto para Violín de Sibelius.

Sibelius es un compositor finlandés de música nacionalista, tal vez el más popular sinfonista del siglo XX, quién creó un estilo musical muy propio, sobre todo con una extraordinaria belleza en sus adagios, logrando retratar en sus melodías el profundo amor que sentía por la naturaleza de los paisaje de Finlandia. Sibelius escribió siete sinfonías de gran hermosura; autor de “Ensaga” y Tapiola”, de sutil y etérica belleza. En su obra “Finlandia” está la Llave Tonal del Elohim, Tranquilidad del Sexto Rayo Oro-Rubí, y en la Sinfonía Nº 2, el sonido tonal del Elohim Orión del Tercer Rayo Rosa del Amor Divino.

Mi mamá, más adelantada en muchas cosas que nosotros, sus hijos, una vez fue hasta Helsinki y llegó de vuelta muy emocionada después de haber visitado el monumento a Sibelius, obra de la artista Elia Hiltumen. Mi mamá contaba que era plateado, de forma tubular como un órgano, que cuando soplaba el viento hacía sonar acordes aleatorios y en un lugar del conjunto estaba la cara de Sibelius. Esta escultura es uno de los símbolos de Finlandia, una maravilla plástica que se encuentra en el “Parque Sibelius”, por donde este compositor solía pasearse frecuentemente.

La primera vez que vine a ver el monumento dedicado a Sibelius, fue en un barco que viajaba desde Estocolmo a Helsinki, mientras navegaba el “Golfo de Finlandia”, a media noche, tuve una emergencia cardíaca que me hizo llegar a Helsinki en una ambulancia debatiéndome entre la vida y la muerte. Me operaron de emergencia de cuatro coágulos en el corazón. No me lamentaba de lo que me había sucedido, solo pensaba en el “Monumento a Sibelius”. Por la sorprendente blanca y refulgente luz, que entraba por las ventanas del hospital, de la recién estrenada primavera, se me iba la imaginación interrogándome donde estaría el “Monumento a Sibelius”.

Finalmente me dieron de alta, salí del hospital mareado y convaleciente. Me armé de valor y cometí una locura: Metalizándome metafísicamente que estaba muy bien, del hotel donde me hospedaron para el post-operatorio pedí un taxi y le dije al chofer: “Lléveme al monumento a Sibelius”. Era tanto mi amor a Sibelius y el recuerdo emocionado de mi madre, que me dio ánimos y me sostuvo. Llegué , lo ví, me sorprendió. Lloré de impresión, me imaginaba a mi hermano Eduardo disfrutando los acordes de Sibelius y a Mamá Norita, paseándose debajo del monumento escuchado el armónico sonido de tubos. Cuando se lo conté a Norita le encantó.

Ahora he vuelto al Monumento a Sibelius, haciendo escala, en mi eterno deambular buscando y expandiendo nuevos horizontes de conciencia en la Enseñanza Espiritual. Ya Norita no está en el plano físico, no tiene tumba, ni siquiera un cenotafio donde añorarla, pero se dónde encontrarla, y he venido a verla, en uno de sus “Puntos de Encuentro”, el Monumento a Sibelius, y así es, estaba esperándome. Creí después de tanto, que la lloré cuando desencarnó y en cada misa de conmemoración de su desencarnación, que ya no la lloraría más, y fue mentira… Sorpresivamente la sentí y mis ojos se volvieron a humedecer por ese extraño ser que fue mi madre encrucijada de contradicciones de caracteres, pero eso sí, un ser de muy alto nivel, una cultura, modales únicos y gustos muy refinados, que luchó hasta su último instante por inculcárselo a todo el que la trató, más todavía a sus hijos y en especial, mandándome a visitar sus lugares favoritos. Gracias Norita.

Escuchando el sentido y muy hermoso “Vals Triste” de Sibelius, llorando por no tener ya en la encarnación a Mamá Norita y a Eduardo lejos de aquí, les dedico a los dos y a todos los que disfrutan mis escritos estas cortas líneas escuchando a Sibelius:

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