PUERTA DE SAN ESTEBAN Y SAN PABLO

 

Rubén Cedeño
Libro: San Pablo Preeminencia del Amor


Desde muy joven me he estado deteniendo a meditar largo tiempo a través de toda mi vida en la “Puerta de San Esteban” o “Puerta de los Leones” en Jerusalén. Reflexiono que aquí mataron a pedradas a San Esteban, por el solo e inofensivo hecho de creer en las Enseñanzas de Jesús, y no digo por ser cristiano, porque para esa época ese término no estaba acuñado.

 

Pero eso no es lo peor, sino que San Pablo, cuando no era santo todavía ni pretendía serlo, sino que al contrario, era perseguidor de los seguidores de Jesús, estaba aquí en esta puerta, insensiblemente viendo cómo martirizaban a este pobre muchacho y no movió ni un dedo por impedirlo.

 

Espérate… Detente ahora en este asunto y recapacita: ¿Cuántas veces nos hemos parado… si, nosotros mismos… en la “Puerta de San Esteban” a lapidar gente, criticándola, condenándola, apartándola de nuestra vida y rechazándola?

Y cuando no, ¿Cuántas veces hemos visto que otros lapidan a los demás y no reaccionamos con misericordia, ni amor compasivo para que no lo hagan y permitimos ese escarnio? Bueno, eso, así de cruel, lo hizo el que ahora es un Santo, Pablo de Tarso. ¿Cómo, de semejante crueldad puede surgir un Santo? Claro, que San Pablo pagó, y muy bien pagadas todas sus crueldades, todo eso se le devolvió y tuvo que perdonar una por una sus propias brutales acciones.

 

Dios no castiga ni premia, son nuestras acciones, sean constructivas o destructivas las que se nos devuelven. Todas las injusticias que San Pablo le hizo a los demás antes de vivir de acuerdo al Cristo, después a él se las  hicieron; así como persiguió, lo persiguieron, lo pusieron preso junto a pendencieros, gente de muy baja calaña muy grotesca, lo que para él sería un suplicio; naufragó en barcos donde iba encarcelado y encadenado con pesadas cadenas con el inminente peligro de ahogarse por estar esposado.

 

Pero San Pablo tuvo la entereza de sobreponerse, perdonar a los demás, perdonarse, renunciar a todo y consagrarse a Dios y la obra de expandir la Conciencia del Cristo. ¿Será  tal vez por esto, que las imágenes que se hacen de San Pablo no son las de un santo dulce, complaciente, rodeado de palomitas y lindas mariposas como San Francisco con una cara afable; sino la de un ser con temperamento autoritario, duro, inflexible, impaciente, determinado, discutidor, contendiente?

 

San Pablo lleva una espada en la mano, en una postura adusta o poco amigable. Bueno, pero así como ha sido la vida de San Pablo dura, cruel y a la vez buscando ser diferente, es posible que sea la de nosotros y por eso muchos nos juzguen tan cruelmente y debemos darnos cuenta que los demás tienen razón al vernos así, como nosotros vemos las estatuas de San Pablo. Que estas reflexiones, sobre la vida de San Pablo nos conduzcan a reconocer nuestros errores, fallas y corregirlos como lo hizo nuestro Santo en cuestión.


Foto: Puerta de San Esteban Foto Ruben Cedeño.

 

 

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