PADRE ETERNO DE LA ALPUJARRA

Rubén Cedeño
Granada 12.10.2016


Aprovechando el asueto del 12 de Octubre, que en España es no laborable y no teniendo conferencias, entusiasmé a un matrimonio maño de mi más caro afecto, a que nos diéramos una vuelta por las hermosas serranías de la Alpujarra, donde hacía 25 años no había vuelto.

 

Me motivaba visitar estos parajes entre Granada y Almería, entre otras cosas, para volver al consabido refugio de consagrados Tibetanistas en “O Sel ling”, este lugar fue fundado por el propio Dalai Lama. Ya hacía años, asociado a este entorno se encontró aquí un tulku (o reencarnación de un gran lama llamado Yese), que supuestamente nació en España, en el niño llamado Osel, cuyo nombre tiene relación con la denominación del lugar.

A pesar de las amenazas de lluvia, las montañas nos ofrecían una hermosa y fresca mañana digna de andar por estos lares. Amén del otoño, todavía las cumbres de las montañas, los valles y barrancos estaban envueltos en el lozano verdor de sus hierbas, manzanos, castaños y almendros, en una primavera más que tardía, que se negaba a dar paso a un inminente invierno.

 

El ascenso a “O Sel ling” siempre es gratificante, el sentir la pureza del aire fresco, el dominio inigualable de las alturas que las montañas ofrecen, sentirse desconectado de lo cotidiano y alimentarse de la vivificadora sabia de lo natural. Era todo un deleite.

 

Justo en el desvío que hay de la carretera principal para tomar un camino de tierra y piedras que da a las cumbres, ahora budistas, estaba solitaria, digna, blanca e impoluta: una ermita, que por desdicha estaba trancada, por recomendaciones recibidas nos detuvimos aquí.

 

Subimos a “O Sel ling”, todo allá estaba cerrado, los parajes desolados, había un contundente sabor a nada en cada asunto, y decidimos regresar. Bajando, desde el auto, noté que la pequeña ermita la habían abierto y en mi usual forma de reaccionar emocionado grité diciendo: ¡Abrieron la ermita, parémonos y entremos!

Cuando la asoladora peste española de 1918, pandemia que tiñó de luto miles de hogares ibéricos, matando aproximadamente unos cuarenta millones de personas en el mundo, por estos parajes, colgada de la corteza de un árbol, un 14 de Octubre, prodigiosamente encontraron una litografía a color de “Dios”.

Si, de Dios, tal cual como lo digo. El comentario popular del momento y que aún hoy se mantiene entre los lugareños, es que a partir de entonces, se detuvo la pandemia en estas insólitas locaciones y dejaron de morirse las personas, víctimas del mal que azolaba.

 

Don José Vílchez Álvarez, movido por Dios a través del indudable milagro acontecido, decidió asumir como su misión, el que se le construyera aquí un modesto oratorio a dicha estampa de “Dios”.

El asunto se tornó interesante y prodigioso cuando tuve la oportunidad de penetrar en la ermita abierta y encontrarme con las nietas y bisnietas del Abuelo Vílchez. Entablar una amena conversación sobre lo sucedido con los descendientes de los autores de los hechos, quienes siempre a cada luz que develaban decían, con cierto sesgo de inseguridad: “pero no tenemos pruebas ni documentos al respecto”.

 

Como folklorista que soy, conocedor del valor que tiene hacer un trabajo de investigación de campo como este, me di a la tarea de realizarlo haciéndole preguntas a las nietas de Don Vílchez. Las Señoras Doña Carmen y Doña Isabel Núñez incluida la bisnieta, quienes se desvivieron contando detalles de los hechos, mientras el que les narra tomaba nota minuciosamente de todo.

 

Puse todo mi interés en el asunto, porque siendo “Dios” la causa primera de nuestra existencia, el todo en el universo, en quien nos movemos y tenemos nuestro Ser, como “Dios el Padre Eterno”, Primer aspecto de la Santísima Trinidad, parece mentira que entre tantas catedrales, basílicas, iglesias, ermitas, capillas y oratorios existan muy pocos, por no decir ninguno dedicado exclusivamente a “Dios”.

 

Aunque en todos ellos se le adore, precisamente en la Alpujarra en el municipio de Soportújar, un lugar tan apartado del mundanal ruido, venga a encontrar por primera vez en mi vida uno dedicado a Dios en exclusividad, precisamente mi persona que ha visitado todo tipo de templos en más de 94 países.

 

Me contaron sus descendientes que el Abuelo Vílchez, no saben con exactitud si en Almería o dónde, mandó a encargar una imagen aproximadamente de un metro o más de la estatua de Dios, como el Padre eterno, y es el que preside el altar de la ermita. Esa ermita no la abren nunca, sólo una u otra vez al año, así que era un prodigio haber podido entrar.

 

Causalmente dentro de dos días se celebra el “98 aniversario del milagro de la estampa” así como dentro de dos años también el aniversario número cien de los históricos sucesos.


En medio de la conversación, cuál sería mi sorpresa, que me invitaran a una minúscula ermita que está delante de la anteriormente descrita, donde se conserva como la más preciada de las reliquias: la milagrosa imagen impresa de Dios.

 

Es imposible hacer una imágen de Dios, pero como Dios está en todo, también está en las imágenes que dicen representarlo, aunque sean menos que un pálido reflejo de lo que pueda ser Dios en su Omnipotencia y Omnipresencia.

 

No hay dudas que aquí en esta zona de la Alpujarra, Dios la tocó con uno de sus dedos y estableció un enclave de sus más altas bendiciones. No es casualidad sino CAUSALIDAD que en esta misma región, años más tarde practicantes del “Buddhadharma” (erróneamente llamado Buddhismo), consideraran este sitio, un lugar magnético para establecer sus retiros y templos.

 

En el más encumbrado Buddhadharma Tibetano, no han tenido reparo de representar a Dios como el Padre Eterno en la figura de “Vajradhara” o “Dorjechang” y que más les da, sea al mismo Dios o a los humanos, que Dios sea representado con características tibetanas o cristianas, da igual, es el mismo Ser que está más allá de toda ilusión, pesar, enfermedad y es capaz de prodigar su Misericordia Infinita a todo el que sea su devoto y lo invoque para solucionar sus males.

 

El pueblo todo de la locación de Soportújar, que se volvió cristiano gracias a la concesión que hiciera el Rey Don Felipe II de donar estas tierras a las familias de la comunidad, se avoca cada 14 de Octubre a sacar en procesión a Dios. Después que sus abuelos arrebataran estos predios a otra creencia que por iconoclasta, jamás hubiera permitido estos prodigios, como ven: “El hombre propone y Dios dispone”. Parece que ocultamente el motivo del viaje no era “O Sel ling”, sino otra cosa.

 

 

 

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