JESÚS Y EL INVIDENTE DE SILOÉ


Ruben Cedeño

Septiembre 9. 2015

Libro: “Jesús”

Es muy difícil abrirle los ojos a quien está empecinado en su punto de vista, sus convicciones, dogmas, supersticiones, creencias, ideas o el que se empeña en tener la razón sin poseerla. Hay tanta gente que dice una cosa y después dice que no la dijo; que se divide y se separa y luego dice que no odia, se proclama en amor y unidad; hay quien dice que entiende y no comprende nada, está el que se deja llevar por chismes y lo afirma como verdades. Este es el caso del invidente de Siloé.

Siloé es la antigua fuente de la que se abastecía de agua Jerusalén donde Jesús y un invidente en un momento se encontraron. Jesús tomó saliva de su boca, por donde sale la Enseñanza, la mezcló con tierra, que es la manifestación de las cosas y las untó, se las puso al invidente, lo mandó a lavarse en la fuente de Siloe y este de repente vio.

Tanto la saliva como la tierra mezcladas quieren decir, la Enseñanza que se ve manifestada, que es lo único que le puede abrir los ojos a la gente que no puede ver por falta de luz en su mente, ausencia de inteligencia. Por eso Jesús fue aquí donde dijo: “Yo Soy la Luz del Mundo”. Más adelante dijo Jesús: “Yo he venido a este mundo para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados”.

Esto quiere decir que los que no entienden, puedan comprender y esos que se creen que saben, entienden, tienen la razón, se queden cegados. Como ven, el verbo y el carácter de Jesús era recio, firme y de carácter fuerte. Por eso es mejor nunca tener la razón, y es preferible observar sabiamente las cosas, escuchar, sopesar y meditar porque no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír.

NOTA DE LA VISITA A SILOE

Durante 35 años insistiendo, nunca pude visitar el estanque de Siloé, por una razón o por otra, bien sea porque estaban haciendo excavaciones, no estaba abierto al publico o cualquier excusa más. Al fin pude ir hoy, pero hay que ver de que manera. Siloé no es un lugar que está a la mano, no es un sitio fácil de llegar, está en lo más profundo de un acantilado de la vieja Ciudad de David que está en ruinas en el confín más apartado de esos escombros.

No sé cómo terminé tomando el camino más difícil para llegar a Siloé, que es el túnel o acueducto mandado a construir por el Rey Exequias, que data de 700 años antes de Jesús y que conducía el agua al estanque, por lo que ahora es un pasadizo cavado en la roca por debajo de la tierra que no da más que la anchura del cuerpo, muy tortuoso y casi de medio kilometro de largo, otro túnel mas largo casi de un kilometro, tuve que recorrer para salir de allí, toda una tortura tanto de ida como de vuelta. ¿Serán estos los túneles de la sin razón en donde se enfrasca uno, que son muy difíciles de salir? Parecía que no iba a salir nunca, la claustrofobia y la incertidumbre le dan a uno pánico en semejante situación y en medio de todo el estar solo, si por allí le pasa a uno algo nadie se entera.

Al llegar al “Estanque de Siloé”, no había ni un turista; tampoco cristianos diciendo misa ni rezando; como ningún islámico con su alfombra orando en dirección a la Meca, asuntos todos estos muy usuales en “Tierra Santa”.

El “Estanque de Siloé”, es pequeño, hermoso, con poética reminiscencia de antigüedad, fácilmente hace a uno pensar en Jesús. Pero el Estanque no estaba solo antagónicamente estaba repleto de descontrolados jóvenes judíos bañándose, gritando desenfrenadamente, en el más escandaloso alborozo que alguien se pueda imaginar, y que dentro de otras tremenduras, salpicaban hasta empapar de agua al que pasara, de lo cual no me salvé, ya que me mojaron de arriba abajo.

Se rieron, se mofaron y al final terminaron amigándose conmigo en los mas cordiales términos y es a ellos a quienes les debo las fotos donde aparezco en el lugar. Me resultaba difícil en semejante estrepito ponerme a meditar en el suceso acaecido allí con Jesús y el invidente, pero a pesar de todo sentado en un pozo de agua, porque no había nada seco para reposar, pude darme cuenta, aunque sea un poco del significado de semejante milagro y luego poder escribirlo.

Foto Rubén Cedeño en el Estanque de Siloé.

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