JOSÉ EN NABLUS


Rubén Cedeño

Nablus 30.8.2015

Libro “Biblia Daba vueltas por todo Nablus buscado la tumba de José, el de la túnica de colores, el hijo del Patriarca Jacob, el que sus hermanos lo vendieron como esclavo y se lo llevaron a Egipto y llegó a ser mano derecha del Faraón. Después de largos años de esclavitud del pueblo de Israel en Egipto, el día que Moisés liberó al pueblo, entre las más preciadas reliquias que se trajeron fue el cuerpo de José y lo enterraron en Nablus.

Ir a Nablus era de extrema peligrosidad, días de largas contiendas palestinas me lo impedían, pero insistí y al fin me atreví, me hice la señal de la cruz y atravesé la frontera Palestina por su extremo norte. Nadie sabía decir dónde estaba la tumba de José, bueno era obvio, José en Palestina era como “el diablo en misa”, ya que era un héroe hebreo en tierra enemiga. Bajo un sol inclemente, subiendo y bajando calles laberínticas, todo parecía misión imposible. Después de muchas vueltas, al fin llegué al sitio. Todo estaba sin un alma, cercado por vallas de hierro, radio patrullas y una fuerte custodia policial. Lo peor fue que no me dejaron entrar, porque había que sacar un permiso en la policía. Otra aventura fue encontrar esa oficina, “que no es aquí”, “que es mas allá”, “que este no es el piso”, “que es el otro”, y miles de palabreríos en árabe como discutiendo, que nunca me enteré que decían. Eso sí, siempre me trataron muy amablemente, no me puedo quejar. Ni un ápice de temor ni desaliento amenazo mi corazón jamás.

José sabía por qué lo buscaba y él me iba a ayudar a encontrarlo, no era por mí, sino por la extensa población Metafisica, ya que he pasado largos años dando clases sobre su persona en una actividad que tengo escrita en el libro “Biblia” como “José y el Derecho de Conciencia”. Allí explico que José es el más vivo y digno ejemplo del “Derecho de Conciencia”, perdió varias veces todos sus más ricos haberes y los volvió a recuperar. Visitar la tumba de José reforzaría estas actividades sobre su ser ante miles de personas. También tenía razones personales que me unen a José, y es que llevo su nombre y el de uno de sus Hermanos: Ruben José que son dos tribus de Israel.

Luego de toda una burocracia fortuita pero sin mala intención, todo estaba listo. Regresé a la tumba de José y entré. Es una pequeña construcción como una casa de piedras al estilo antiguo palestino. El lugar daba la impresión de abandonado, pero es sobre cogedor, parecía que no había un alma caritativa que limpiara las piedras y todo tipo de objetos contundentes que se veían desperdigados en el piso del patio que antecede al salón de la tumba, resultado de múltiples manifestaciones. Bueno, ya nada importaba, estaba ante José, una tumba de piedras blancas, sin adornos, sin nada, solo con la más excelsa hermosura de saber que es la tumba de un gran ser, una de las cabezas de una de las doce tribus de Israel, todo estaba enmarcado dentro de una pequeña sala también de milenarias piedras blancas y arquitectura de la época. Gracias José, de ahora en adelante daré con mas entusiasmo todavía, la clase que te escribí solamente para exaltar tu heroicidad en tantas cosas, sobre todo en el logro del “Derecho de Conciencia”, del cual eres el más vivo ejemplo a seguir.

Foto: Tumba de José en Nablus-Palestina y Ruben Cedeño.

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