MEDITACIÓN


¿Puede, quien lo desee, beneficiarse con la práctica de la meditación y dominar su técnica? El solo anhelo de emprenderlo puede considerarse que indica el llamado del Alma hacia el Sendero del Conocimiento. No debemos amedrentarnos si en ciertas cosas esenciales descubrimos que carecemos de las cualidades necesarias. La mayoría estamos más avanzados, mejor equipados y somos más inteligentes de lo que creemos. Todos podemos empezar a practicar la concentración desde ahora, si queremos. Poseemos una gran masa de conocimientos, de poder mental, de actitudes, que nunca hemos extraído de los reinos del subconsciente, ni hemos llevado a la utilidad objetiva. Quien quiera haya observado los efectos de la meditación, producidos en el principiante, corroborará esta afirmación, a veces trae confusión mental a quien no sabe qué hacer con sus descubrimientos.

Los resultados del primer paso en la disciplina de la meditación, es decir, la concentración, son a menudo sorprendentes. Las personas se descubren a sí mismas; descubren facultades ocultas y una comprensión que nunca habían aplicado; desarrollan una percepción, incluso del mundo fenoménico, que para ellas es milagrosa; repentinamente registran la existencia de la mente y de que pueden utilizarla, y la diferencia entre el Conocedor y el instrumento del conocimiento se hace cada vez más evidente y reveladora. Al mismo tiempo se produce una sensación de pérdida.

Los antiguos estados de ensoñación, de beatitud y paz, otorgados por la oración y meditación mística, desaparecen, y se experimenta temporalmente un sentido de aridez, nulidad y vacuidad, siendo a menudo desesperante. Esto se debe a que el foco de la atención se ha alejado de las cosas de los sentidos, no importa lo bellas que sean. Las cosas que la mente conoce y puede registrar, aún no se han plasmado; tampoco el mecanismo sensorio hace su impacto familiar sobre la conciencia. Es un período de transición que debe mantenerse hasta el momento en que el nuevo mundo empiece a impresionar al aspirante. Ésta es una de las razones por las cuales la persistencia y la perseverancia deben desempeñar su parte, particularmente en las primeras etapas del proceso de la meditación.

Uno de los primeros efectos de la práctica de la meditación es comúnmente una creciente eficiencia en la vida diaria, sea en el hogar, en el trabajo o en cualquier campo de la actividad humana. Emplear la mente en los asuntos del vivir es en sí, un ejercicio de concentración y produce notables resultados. Alcance o no el hombre la iluminación final, mediante la práctica de la concentración y la meditación, habrá adquirido mucho y enriquecido grandemente su vida, aumentado mayormente su utilidad y poder y ampliado su esfera de influencia.

Por consiguiente, desde el punto de vista puramente mundano, es de gran utilidad aprender a meditar. ¿Quién podrá negar que una acrecentada eficiencia en la vida y en el servicio constituye un paso en la senda del progreso espiritual, como cualquier visión del místico? Los efectos espirituales de la dedicación mental, que el mundo de los negocios occidental manifiesta, pueden ser, en última instancia, una contribución vital a todo el esfuerzo espiritual, de tanto valor como cualquier efecto observable en el mundo del esfuerzo religioso organizado. Confucio enseñó hace siglos que los complementos de la civilización eran de carácter altamente espiritual, por el resultado de las ideas.

Hu Shih en sus interesantes comentarios, dice "...es altamente idealista y espiritual la civilización que emplea plenamente el ingenio y la inteligencia humana en la búsqueda de la verdad, a fin de controlar la naturaleza y trasformar la materia en bien del género humano; liberar al espíritu humano de la ignorancia, de la superstición y de la esclavitud de las fuerzas de la naturaleza, y reformar las instituciones sociales y políticas en bien del mayor número —una civilización así es altamente idealista y espiritual".

Nuestras ideas sobre lo que constituye la espiritualidad se han ampliado constantemente. Hemos visto a muchos miles de seres humanos que por el empleo del deseo, el sentimiento y las reacciones de la naturaleza emocional, alcanzaron un punto en que se vieron obligados a trasmutar el deseo en aspiración, el sentimiento en sensibilidad hacia las cosas del espíritu, y el amor a sí mismos en amor a Dios. Así surge el místico.

Por el empleo de la mente en el mundo de los negocios, en los trabajos profesionales, en la ciencia y en el arte, hemos presenciado dos hechos sorprendentes: Grandes empresas organizadas, con sus intereses egoístas e ideas materialistas fueron llevadas, no obstante, a una condición donde por primera vez se ha considerado seriamente la conciencia e interacción grupales y el interés del mayor número. Éstos son resultados puramente espirituales; indicios de la futura hermandad de las Almas. La ciencia aplicada se ha desarrollado en todos los campos, en tal forma, que ha penetrado en el reino de la energía y de la metafísica pura. El estudio de la materia nos ha conducido a la esfera del misticismo y del transcendentalismo. La ciencia y la religión se están dando la mano en el mundo de lo invisible e intangible.

Todo aquel que no sea puramente emocional, que tenga una regular educación y esté dispuesto a trabajar con perseverancia, puede emprender el estudio de la meditación con ánimo, empezar a organizar su vida y dar los primeros pasos en el sendero hacia la iluminación, y tal organización constituye uno de los pasos más difíciles. Téngase presente que todo paso inicial es difícil, porque deben neutralizarse hábitos y ritmos de muchos años; pero una vez dados y dominados dichos pasos, el trabajo resulta más fácil. Es más dificultoso aprender a leer, que dominar un libro difícil.

La antigua ciencia de la meditación, "el camino soberano de la unión", como se lo ha denominado, podría también llamarse ciencia de la coordinación. Aprendimos ya a coordinar la naturaleza emocional sensoria y de deseos y el cuerpo físico, lográndolo a tal grado que estos estados son automáticos y a veces irresistibles; el cuerpo físico es ahora simplemente un autómata, la criatura del deseo, superior o inferior, bueno o malo, según el caso. Muchos están ya coordinando la mente con ambos y, mediante los difundidos sistemas educativos actuales, fusionamos en una unidad coherente esa totalidad que constituye el ser humano: la naturaleza mental, emocional y física.

Mediante la concentración y los primeros aspectos de la práctica de la meditación, se apresura grandemente esta coordinación, seguida por la unificación de otro factor en la triplicidad del hombre, el factor Alma, el cual ha estado siempre presente como lo ha estado la mente en los seres humanos (excepto en los idiotas), pero se mantiene pasiva hasta el momento oportuno cuando se ha hecho el trabajo necesario. Todo es cuestión de conciencia. Maestro Djwal Khul Extraído del libro: "DEL INTELECTO A LA INTUICIÓN" (Alice Bailey)

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