OFRECIÉNDOSE AL MAESTRO - POR RUBÉN CEDEÑO

RUBÉN CEDEÑO RESPONDE A EDGAR SHAISTER Granada 11.11.2014 Cuando uno se ofrece al Maestro, ¿el Maestro verdaderamente presta oído a su petición?, de ser esto así, ¿cómo se da cuenta que ha sido escuchado por el Maestro? Ofrecerse al Maestro no es cualquier cosa, es ofrecerse a Dios, no es que el Maestro sea Dios, pero es un servidor a la “Causa de Dios”, aunque cabe decir que para cada quien su Maestro es como decir Dios y no está mal, para los cristianos su maestro es Jesús y lo contemplan como uno de los “Tres Aspectos de Dios” en la Santísima Trinidad. Ofrecerse al Maestro, ofrendarse a Dios es de las cosa más grandes y bellas que existen en la vida, es fácil y bonito decirlo, pero requiere de un esfuerzo realizarlo, hay quien lo hace, pero no todo el mundo está dispuesto a ello, porque es poner de lado el “libre albedrío”, ya no seguir haciendo lo que a uno le viene en ganas; es abandonar todos los deseos personales, pensamientos e ideas de uno y consagrarse a trabajar a la causa de Dios, por la que labora el Maestro. Ofrendarse a Dios o el Maestro es ofrecer posesiones, dinero, encanto y magnetismo personal, facilidades, contactos, nivel social económico y destrezas a la causa de la Luz. Hay que tener cuidado cuando se ofrenda una vida a Dios. Vale la pena aclarar que no es ofrecerse a un facilitador mortal de Metafísica, ni darle tus cosas, es a la causa por la cual el facilitador y el Maestro trabajan. Esto se dice para que nadie se aproveche malsanamente de un estudiante que se ofrezca y ningún tonto le dé lo que no debe dar a un facilitador brabucón que lo vaya a utilizar para su bienestar egoísta. En estos asuntos de estafas espirituales la verdad es que no hay culpables. Al que lo estafan espiritualmente es porque se ha dejado estafar. Por eso hay que tener “OJO AVIZOR” con quien uno está en la espiritualidad. Hay facilitadores de muy probada honestidad en la que se puede confiar en estas ofrendas. En igual cuantía son culpables el que estafa por estafar y el estafado por permitirlo. He entregado casi toda mi vida a la Metafísica pero antes de hacerlo observé muy bien quién era Conny Méndez, cómo vivía, qué hacía. Hay una clave inequívoca: Si el facilitador no pide nada para sí y todo lo da de sí, es confiable. Eso vi hacer a Conny Méndez que siempre llevaba la cartera abierta de su propio peculio para sufragar todos los gastos de la Metafísica. Para ofrendarse en cuerpo y alma a la causa de Dios y concomitantemente al Maestro o facilitador, es necesario que el que se entrega tenga resuelto los ingresos económicos de su propia manutención de forma auto subvencionada, porque no es válido que nadie mantenga a otro en estos afanes del espíritu; hay que dedicarse a estudios muy serios y profundos; abandonar la comodidad del hogar para lanzarse a la calle con las mangas arremangadas a auxiliar a los que sufren; soportar desprecios, traiciones, y engaños como Ellos, los Maestros de Sabiduría, los han soportado. Pero hay gente para todo en el mundo, hay personas a quien esto le fascina, les parece grandioso, como lo hacen personas de buena posición económica que dejan los lujos de sus casas para trabajar en una O.N.G. en África o India, pasando mucho trabajo y son felices. Hay un muy alto y exigente nivel de facilitadores en la Metafísica que se ofrece al trabajo de los Maestros de Sabiduría, dejando su hogar, su pareja, sus canales de televisión por cable, su auto, su mesa servida a gusto, su perfecta conexión a internet para ir a los lugares más inhóspitos de la Tierra a llevar el conocimiento de los Pilares de la Metafísica, que encierra enseñar a pensar positivo, conectarse con el Cristo, practicar los “Siete Rayos” y el uso de la “Llama Violeta”, además de abrir a todos las puertas del “Sendero Espiritual”. Ofrecerse a trabajar con un Maestro requiere de sintonía con Él, conectarse con su mente, no para recibir mensajes, eso no se hace en ningún nivel de filiación. Es que si el Maestro necesita que se vaya a una tribu salvaje en medio de la selva se haga, y a pesar de cualquier cosa realizarlo alegre, sin pedir nada a cambio y de forma anónima. Los Maestros de Sabiduría no aceptan que se publicite el trabajo que se hace con Ellos, es una de las premisas. Esto es muy rico hacerlo, da un gustito como ninguna otra cosa en el mundo, pareciera que es lo único que puede hacer verdaderamente feliz a alguien. Cuando los deseos de transitar el “Sendero Espiritual” son puros, sin ningún interés de ser famoso, aparentar estar en la correcta escuela, es tirarse al ruedo del mundo a servir, no hay Maestro de Sabiduría que no le dé apoyo a uno, todos se lanzan a dar sus mejores energías, ayudas y demás bendiciones. La forma de saber si esto es así, son las facilidades que comienzan a fluir libremente como el recurso ilimitado de dinero, se comienzan a abrir puertas, llega gente capacitada como de la nada que ofrecen posibilidades y así se siguen sucediendo una cadena de milagros “ad infinitum”.

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