CALIDAD O CANTIDAD - POR RUBÉN CEDEÑO

RUBÉN CEDEÑO RESPONDE A EDGAR SHAISTER

Granada 3.11.2014

Se dice que es mejor la calidad que la cantidad, ¿vale más tener 2 estudiantes serios y altruistas que comprenden la enseñanza a tener 30 estudiantes que no entienden ni hacen buen uso de ella?

Se nos ha dicho que mientras más personas asisten a una charla es por la vibración alta de ese facilitador, ¿es esto verdad? Hay muchos grupos en los que no se enseña precisamente la verdad, el amor y la unidad y sin embargo sus auditorios están llenos y a la vez, ha habido grandes maestros poco conocidos con un reducido número de estudiantes. Existe de todo en la vida, grupos de pocas personas que son muy valiosos y agrupaciones muy reducidas que no sirven para mucho; como así también, grupos grandes con personas que no son de gran utilidad y también grupos numerosos con un personal valiosísimo. Así que tener un grupo grande o pequeño no es un indicativo estándar para determinar la calidad del grupo. Hay grupos pequeños, que son reducidos por el alto calibre de la instrucción que comunican y también están los que son chicos porque lo que enseñan no se entiende y no tiene vibración. Y al revés, existen grupos muy numerosos porque lo que comunican es tan liviano y soez que atrae masas, como así también sucede que hay grupos muy numerosos porque comunican una instrucción de tan altísima vibración que la gente no cabe en el sitio.

Por lo general, los grupos que manejan grandes verdades certeramente, correctamente, atraen mucha gente. Emmet Fox, Ballard, Jesús, Krishnamurti, Conny Méndez atraían masas y era por la altísima vibración que manejaban esos seres y el alto calibre de su instrucción. Eso sí, hay que tener en mucha cuenta que siempre más vale calidad que cantidad. Es preferible tener o estar en un grupo espiritual pequeño con personas compasivas, serviciales, valiosas, estudiosas, certeras, fieles y amorosas, que en grupos espirituales grandes con gente descuidada, impuntuales desordenadas e irresponsables. No se puede decir que los grupos con facilitadores más estrictos, exigentes, inflexibles les viene menos gente, porque en el fondo a la humanidad le gusta el orden y la exigencia, y es el caso de las charlas de Metafísica, donde siempre hemos sido sumamente exigentes y los salones se revientan de gente y muchos protestan y critican lo estrictos que somos, pero así y todo asisten y no se pierden una actividad.

Bien decía Krishnamurti algo sumamente cierto: Si hay sólo cinco personas que escuchen, que vivan, que tengan sus caras vueltas hacia la eternidad, será suficiente. El Maestro Jesús con apenas doce hombres de su grupo interno miren todo lo que hizo, lo que hoy en día es una de las religiones más grandes del mundo, pero su alcance siempre fue masivo, Él unía las dos tendencias, lo poco y lo mucho. Allí está la clave. Grupos internos pequeños de muy alta exigencia, completamente compasivos, de gran calidad, pulcritud de acciones, veracidad, confiabilidad, servidores mundiales de rectas relaciones mundiales, que sean capaces de convocar masas a las que no se les exige mucho pero que se les transmite las Enseñanzas y se les inspira al contacto con su Divina Presencia.

Esa era la característica de Conny Méndez, éramos un grupo interno pequeño, muy discreto de altísima calidad, que si se quiere no pasábamos de diecisiete personas que nos reuníamos los jueves en la parte de atrás de su casa, la quinta “El Javillo” de Caracas y las clases públicas eran masivas, tanto así que los días de “Acción de Gracias” nos reuníamos en el “Parque del Este”, el más grande de la ciudad y llenábamos su “Concha Acústica”.

Tanto en los grupos pequeños como grandes, ha de haber una constante que debe ser inalterable y es el amor mutuo. Se sabe que hay roces de personalidad, puntos de vista diferente y muchas cosas más, pero a pesar de eso, desarrollar y aprender a saltar por encima de las diferencias y trabajar la tolerancia, las rectas relaciones humanas que al fin y al cabo es la más fehaciente manifestación del Amor. Sea el grupo pequeño o grande, su carta de garantía ante el mundo y la Jerarquía Espiritual, tanto de sus miembros como de su facilitador, va a ser su capacidad de amar, perdonar y tener compasión por los demás y el instruir las más altas verdades necesarias para producir la fusión con el Alma.

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