ÉTICA METAFÍSICA

La Metafísica no es una religión, aunque muchos la tengan como tal; no es una secta, aunque algunos así la quieran denominar; es una “Filosofía de Vida”, aunque muchos no la practiquen. Su actividad básica es educar y comunicarle la instrucción a la humanidad por medio de charlas grupales, abiertas, públicas y gratuitas; también, por medio de libros, videos, audios, transmisiones televisivas y medios informáticos.

La Metafísica no posee ninguna estructura jerárquica, solo diferencia entre público general y comunicadores. En Metafísica nadie se proclama director, maestro, gurú ni guía y, aunque, por razones legales, algunos facilitadores han tenido que aparecer como directores, jamás se anuncian así, no presumen de ello y se oponen a ser llamados como tal.



Todas las actividades de la Metafísica están libres de canalizaciones, predicciones, críticas a otras escuelas y líderes espirituales, ajenas a discriminación y clasismos. La Metafísica siempre es incluyente.

Cada grupo y su facilitador de Metafísica son autónomos en la toma de decisiones, formas de implementar los programas, conducción del grupo y demás detalles. En la Metafísica no se adora, no se obedece, ni se sigue a ningún Maestro, ni encarnado ni desencarnado. La Metafísica no tiene leyes, exigencias ni prohibiciones. Sus lineamientos generales se sugieren en el libro “Consideraciones”, y no son estatutos ni reglamentos, sino propuestas a ser consideradas, que se pueden seguir o no.

La Metafísica se mantiene viva gracias a la Buena Voluntad, Inteligencia y Amor de cada uno de sus comunicadores y participantes.


Extraído del libro "Perfil de la Metafísica" de Rubén Cedeño, Editorial Señora Porteña